jueves, 11 de marzo de 2010

CUBA

Sepultureros son las horas. Ya lo escribió Quevedo en La enfermedad del tiempo. Más aún cuando de plomo y mugre son. Plúmbeas horas que entierran poco a poco la vida de todos esos presos políticos que ven caer el otoño de sus vidas entre los muros de hormigón de las cárceles cubanas. Unas cárceles a las que llegan en nombre de una Revolución que, paradójicamente, encuentra su columna vertebral en una supuesta igualdad y libertad que nunca llega.

Los revolucionarios de uno y otro lado del charco han defendido durante años las sangrías del Che y Fidel con la misma hipocresía de aquellos que han caído de hinojos a los pies de bolcheviques o frente populistas. Se trataba, supuestamente, de romper con un Régimen autoritario para implantar otro donde la libertad y la igualdad terminaran abriéndose como una hortensia. Sin embargo, bajo la luz del candil de la historia, los hechos siempre han terminado yendo en dirección diametralmente opuesta. El zarismo acabó con seis mil almas en casi un siglo, mientras que la Cheka soviética dio muerte a quince mil personas en tan sólo dos meses del otoño de 1918. Y es que el propio Dzerzhinsky ya señaló meses antes que su intención era la de exterminar a determinadas clases sociales enteras. De igual se puede señalar que tan sólo la Cheka de Madrid se encargó de asesinar a doce mil personas. Curiosa manera de imponer la libertad. Ya se sabe: el camino al infierno está empedrado de buenas intenciones. Tantas o más como las que tuvieron los revolucionarios cubanos. Mientras que durante la tiranía de Fulgencio Batista existieron una veintena de prisiones, con el Régimen castrista se multiplicaron como los hongos después de la lluvia hasta contar a día de hoy con cerca de doscientas cincuenta cárceles en la isla, de las cuales cincuenta son de máxima severidad. Son en estas prisiones de máxima severidad donde se encuentran, por ejemplo, los miembros restantes del Grupo de los 75 que aún siguen cumpliendo sus más de veinte años de condena desde que fueran apresados durante la Primavera Negra de 2003 por pedir firmas para el Proyecto Varela, escribir por cuenta propia o discrepar con el Gobierno en alto.

Nada puede sorprender cuando fue el propio Fidel quien dijo en Gramma aquello de: «¡Mientras haya un revolucionario con un arma en la mano, no se perderá ninguna causa!» Y es que la violencia es la metafísica del socialismo. Así, cumplen actualmente condena más de cien mil presos en las cárceles cubanas, cifra nada desdeñable tratándose de un país de once millones de habitantes solamente. Cuba es el país iberoamericano con mayor población penal y el cuarto del mundo. Quinientos treinta de cada cien mil cubanos están en la cárcel. Se dice que no existe familia en la isla que no tenga o haya tenido un miembro entre rejas.

Las condiciones son inhumanas. Ateniéndonos al Consejo de Relatores de Derechos Humanos de Cuba, un centenar de presos muere al año dado las condiciones de insalubridad y tortura que sufren, especialmente los presos políticos. Entre los métodos de tortura más extendidos se encuentra el denominado Shakira. Consiste en encadenar a los presos de pies y manos torcidos por todo el cuerpo de modo que casi ni puedan respirar. Y en la calle más de lo mismo. Según el CRDHC, se produjeron en el último año más de mil arrestos y actos de represión política, en la mayoría de los cuales se aplicó una excesiva violencia contra los defensores de los Derechos Humanos y sus familiares. Visitas intimidatorias a las viviendas, interrupción de la línea telefónica, actas de advertencia, expulsión de la capital hasta las provincias del interior, negación de la tarjeta blanca... Son éstos algunos de los medios que utiliza la Policía Nacional para arredrar a la población cubana. Y no sólo eso. De acuerdo al último informe del CRDHC, solamente en las primeras semanas de enero de 2010 se dejaron morir a cuarenta enfermos mentales en el Hospital Nacional Psiquiátrico de Mazorra.

Volviendo a las prisiones, la corrupción y las martingalas llevadas a cabo por los altos cargos no hace otra cosa que empeorar la situación. En Cuba, el mercado negro se cuela hasta por las hendiduras de los muros de hormigón de las cárceles. El jefe del departamento de logística termina corriendo una suerte de gallina de los huevos de oro. Es el caso del suboficial Carbonell, quien según se sabe a través del Informe del Consejo de Relatores, ha conseguido hacer de la cárcel su negocio. Carbonell tiene una cochiquera con unos cuarenta cerdos a los que da de comer con el alimento que no llega nunca a la boca de los presos. Así, ordena a los reclusos elaborar la comida lo peor posible a fin de hacerse con los alimentos sobrantes no añadidos a la comida para llevárselos a lo que hasta hace tiempo fuera una casa desahuciada y que él ha convertido en una lujosa residencia gracias a su "negocio" Por no hablar de la asistencia médica.

Esta es la realidad política de Cuba. Una realidad que no duda en ignorar gran parte de la progresía española, aludiendo –básicamente– a que en todos lados se cuecen habas, como hiciera hace días Miguel Bosé al meter en la misma cesta la iniquidad del Régimen castrista con la censura de unas fotografías del caso Gürtel en una exposición en la Comunidad Valenciana. Un auténtico juego de trileros el llevado a cabo por quien representa mejor que nadie la clásica figura del izquierdista millonario que termina despreciando a los pobres. O el famoso Willy, quien, aun odiando a los Estados Unidos, parece tenerlo todo para llevarse el Oscar a la mejor interpretación de sí mismo. Personaje puro y duro. Y es que la claque no pone el corazón ni en el vitoreo ni en la ovación. Lo suyo es el ruido sordo, el subirse a un árbol y agitar las ramas mojadas para empapar a los transeúntes que caminan. Dar por culo, que se diría tan castizamente. Podemos apostar a doble sobre sencillo que ni ellos mismos se creen esa Cuba que pregonan sobre parihuelas. Defender una dictadura desde el acomodo muelle de una democracia es digno del mayor de los desprecios. Es tanto como nombrar la soga en casa del ahorcado, como pegarse un opíparo banquete delante de un niño hambriento. Pura prostitución intelectual. El perfecto retrato del cinismo.

El mismo cinismo que muestran a la hora de analizar la situación global de Cuba. La culpa es del Averno norteamericano y su vitando bloqueo, según el jabardillo de abejas progresistas. Olvidan en sus manidas letanías antiamericanas que Cuba es el primer mercado exterior de productos agrícolas estadounidenses, con más de setecientos millones de dólares anuales, lo que significa que el bloqueo no puede ser tal, sino más bien embargo según qué sectores. De igual cabe señalar que el plan de cooperación bilateral que han establecido Caracas y La Habana es cuatro veces superior al que mantienen Estados Unidos e Israel. Quizás por esos terrenos yermos del socialismo bolivariano ande esparcida la semilla del mal y no tan al norte.

Sin embargo, en lugar de sacarle punta al dedo acusador terminan siendo conniventes con la dictadura castrista, siendo ello como añadirle gasolina a un incendio que no termina de tragarse bosques enteros. Así, es de natura que ni con fórceps termine de nacer la libertad en Cuba. Lejos de toparse con enemigos frontales, el Régimen cubano encuentra cada vez más aliados que no dudan en irse a lavar las manos a la fuente con el mismísimo Pilatos, sin caer en que la ignominia no se cubre con más ignominia. Ni la sangre se tapa con más sangre. Mientras tanto, a cientos como Zapata les tocará besar los pies de sus sepultureros al ver cómo pasan las horas y sufren, más que nadie, la enfermedad del tiempo.

viernes, 26 de febrero de 2010

¡PUFF...!

La erudición de un ser se mide a veces por la ignorancia de los demás. Y aprovechando esa nesciencia, se multiplican como los lirios en el campo los tramoyistas del descaro y la mentira. La opereta bufa orquestada por Buenafuente es un claro ejemplo de ello. El mismo que se negara en su día a recoger el micrófono de oro por no querer compartir laureles con Jiménez Losantos alegando que ofende al periodismo, se toma la licencia de dar lecciones a quienes buscan la verdad por incómoda que sea. ¡A qué niveles de endiosamiento está llegando la progresía catalana de Mimosín! Es por ello que suene a broma pesada que un personaje del jaez de Buenafuente se permita impartir clases particulares de algo que le es totalmente ajeno. Partiendo de la base de que tiene todo menos mimbres para el periodismo –sólo hay que leerlo de su puño y letra– se puede decir que ese donaire de hombre resuelto e intelectual casi que le queda como un gabán a una chinche de cama.

Así, apareció el pasado martes en su programa montando un carnaval con los videos e investigaciones publicados por el diario El Mundo de la mano de la Asociación de Ayuda a las Víctimas de 11-M. Con su estilo burdo y folclórico de siempre, enmarañó la información hasta tejer una nube de patrañas como si de algodoneras se tratara. Cuando el fin no es otro que manipular e intoxicar, no hay mejor manera de conseguirlo que ridiculizando a quienes luchan por señalar que el Rey va desnudo. Y es que, como dijera hoy Reverte en una entrevista a El Mundo con esa chulería de quien se sabe durmiendo al abrigo de la verdad, España es un país «gozosamente inculto». Baste sentenciar cuatro memeces que dejen pequeña a la Catedral de Burgos para que la manipulación se apuntale en el inconsciente colectivo del hombre masa. Desconozco si Buenafuente –y quien dice Buenafuente dice José María Izquierdo y compañía– se esconde tras la égida del chiste al tomar conciencia de que aquello que han defendido durante tanto tiempo se derrumba lentamente o si, por el contrario, lo hacen por pura ignorancia al cuadrado. Como replicara Mafalda al anciano –siguiendo con personajes de humor– esto es sólo el continuose del empezose de ustedes. Pasa por negarse a conocer la verdad y encastillarse en el conformismo unidireccional. Pero la ciencia calla a la literatura: "Puff…dinitrotolueno". "Hay nitroglicerina...es una putada, pero es la realidad". Son los dos titulares de los que se mofan Buenafuente y su Sancho Panza Berto durante más de seis minutos en La Sexta. Y es que es la puñetera realidad.

Ni rastro de Anido, Ferreras, Cebrián, Gabilondo y demás rapaces de alto vuelo. Quizás anden buscando como zahoríes a los terroristas suicidas. Pero para dar la cara tiran de bufones. Así, como ejemplo de paparruchadas, las del mismo programa de Buenafuente, pues no dudaron en decir –lisa y llanamente– que El Mundo trataba de demostrar que la banda terrorista ETA estaba detrás del 11-M. Y cuela...

Dada la altura de miras de Andreu y su rosario de virtudes a la hora de dilucidar la verdad, podría haber recordado también lo que dijo Casimiro García Abadillo en Veo 7, cuando recordó que el juez Gómez Bermúdez le dijo personalmente que Trashorras jamás sería condenado más que por su tejemaneje con los explosivos. Sin embargo, la sorpresa cayó como una tormenta de verano. Recuerdo que el día después a la sentencia del 11-M todos los medios de comunicación del mundo se hicieron eco de la astracanada. Llamó especialmente la atención la prensa de Israel –duchos en estas lides– pues se llevó las manos a la cabeza al ver cómo el paladín mayor del atentado resultó ser un pobre esquizofrénico de Asturias que trapicheaba con explosivos de Mina Conchita. Una mina de la que, a la luz de los hechos constatados, se sabe que no salieron los explosivos con los que se produjo la mayor carnicería de Europa y de cuya investigación se ríen aquellos que presumen de buen periodismo y mejor deontología. Una investigación que desde el comienzo dejaba en cueros a la versión oficial: desde la mochila de Vallecas pasando por las sobreactuaciones de Sánchez Manzano como jefe de los Tedax y la ocultación de pruebas, hasta la manera de la que se trataron las veintitrés muestras que se tomaron de los doce focos de explosión –sin los algodones–. Hecho que quedó más que demostrado con la declaración del inspector jefe del grupo de Desactivación de Explosivos de la Jefatura Superior de Policía de Madrid, quien dijo que las muestras debían haber pasado directamente a los laboratorios de la Policía Científica, sin poder ser destruidas sin autorización judicial. El mismo inspector que dijo que, sólo en el foco de Atocha, obtuvieron más de ochenta muestras de alta calidad y que, contradiciendo a Manzano, declaró que aquella fue la única vez que un responsable de la Unidad Central se hacía cargo del mando operativo de un atentado, saltándose procedimientos como la elaboración de actas, traslado y selección de pruebas. Y una investigación que demuestra, ante todo, que la famosa Goma 2 ECO sólo estaba presente en Leganés y en la estación del AVE de Mocejón. Y sin explotar. Por el contrario, se tienen pruebas científicas que indican que lo que probablemente mató a casi doscientas personas no fue esa Goma 2 ECO que vertebra la sentencia final, sino DNT.

Así las cosas, se antoja harto sospechoso –en base al puro sentido común– que Gómez Bermúdez no sólo tuviera las cintas del peritaje de los explosivos separadas del resto y fuera de la caja fuerte, sino que, además, según las propias palabras del Secretario Judicial del Tribunal, las cintas habían sido identificadas con una nomenclatura diferente. Más sospechoso aún es que no pidiera explicaciones a los peritos en el juicio por unas imágenes tan diáfanas y técnicamente reveladoras.

Lo cierto es que nos han querido hacer una tortilla sin romper los huevos. Defendía Ángeles Domínguez que este no es más que el resultado de una instrucción deficiente. Cuando la instrucción hace aguas por los cuatro costados, la sentencia no puede ser menos. Después de ver cómo los medios y común de los mortales ponían como chupa de dómine a las investigaciones realizadas por El Mundo y Luis del Pino, la verdad, como un recién nacido, comienza a ponerse en pie después de haber pasado largo tiempo caminando a gatas con dificultad. Todo final encierra un nuevo comienzo. La teoría oficial pide que le cantemos su kirieleisón. La mentira puede tener muchos colores y formas; sin embargo, la verdad sólo tiene un camino. Y además nos hace libres. Y los que bramaban contra los disidentes, con voz más alta o más baja, hacen chistes, patalean, desprecian, ignoran, rebuznan…Ni cortan ni sierran.

Ladran, luego cabalgamos...

miércoles, 17 de febrero de 2010

AVATAR


En James Cameron todo es superlativo. El exceso es a su obra como las rayas negras al tigre. Algo consustancial. Sus películas corren una suerte de coctelera gigante en la que el barman mezcla diversos aromas, grandes dosis de edulcorante y, ante todo, garrafón. Mucho garrafón. Así, el paso de garganta del mejunje es fácil y hasta cómodo dada su melifluidad; pero la resaca está garantizada. Eso es lo que sucede a la mañana siguiente de haber coqueteado con su nueva criatura: Avatar.

Las polaridades toman su protagonismo desde los primeros minutos. Grandes incubadoras para recios militares que reproduce ese estadio de control absoluto de Un mundo feliz, de Adolf Huxley. Condicionados y preparados para una dura misión. En contraposición a tal nivel de desarrollo tecnológico se encuentra –puertas afuera– ese mundo salvaje y primitivo en el que habitan los Na`vi. Unas criaturas que viven como la tribu amazónica de los matsés, cambiando el ocre de sus pieles por el lazurita y con una estatura bastante superior. Luces y sombras que se alternan conforme se desarrolla la película, mostrando cada vez más salvajes a los humanos y más humanos a los salvajes.

El ensalmo surte efecto precisamente gracias a esas asimetrías, ya que no hacen falta muchos artificios técnicos ni argumentales para provocar empatía con aquellos a los que se presenta envueltos por la pátina de la pureza y la bondad absoluta. Sólo es preciso poner sobre el tablero a unos malos muy malos y unos buenos muy buenos para que el agua termine buscando el río. Nada nuevo bajo el Sol. Y qué mejor manera de presentar la avilantez de los malos si no es bajo la férula del Ejército. Una legión de trasgos malditos y demonios dispuestos a pisotear a las indefensas tribus primitivas con la misma facilidad que la rueda de molino tritura el grano. Un Ejército que, además, va de la mano de una gigantesca multinacional que busca hacer sus Américas allá por Pandora explotando ciertos recursos minerales. Y, a partir de ahí, que giren los cangilones de lo previsible...

Con este retrato robot es fácil que a escasos minutos de comenzar la película el espectador esté del lado de los Na`vi. Sin embargo, esos titileos de justicia y filantropía no son más que puro reflejo de una posición dominante en un marco más amplio. A saber: corrección política y pensamiento único. Y mucho anticapitalismo. No cuesta identificar a la horda militar y su multinacional como figura arquetípica de los Estados Unidos y su voracidad capitalista, mientras que los cerúleos Na`vi serían la voz de todos esos colonizados injustamente por el Imperialismo. Así, Cameron utiliza entre sus muchos ardites la vieja trampa de la idealización de la vida salvaje. No presta mucha atención a sus emociones, sus rutinas diarias, sus virtudes y defectos, sus tribulaciones, ni siquiera muestra de lo que se alimentan. Y, ateniéndonos a tal grado de idealización, cabría imaginar que no tienen hambrunas. Cosa atípica en el mundo salvaje, sea dicho de paso. También llama la atención el rollo religioso de adoración a la pachamama, tan primitivo y atapuercuense. Da la sensación de que el occidental –supuestamente del lado de los malos– ha de sentir un sentimiento de culpa por su evolución al contemplar el nivel de satisfacción de la tribu, de modo que le lleve a purgar sus pecados. Nada es casualidad en Avatar. Sin embargo, se olvida Cameron del eje radial de toda tribu primitiva: su hermetismo y rigidez. No nos muestra cómo es la posición de dominio absoluto que ejercen los superiores jerárquicos sobre sus inferiores, ni sus relaciones territoriales con otras tribus vecinas con las que, por puro sentido común, tendrán múltiples batallas dado que no son sociedades de consumo y necesitan poseer los bienes que escasean mediante la fuerza. El libre comercio nunca ha casado especialmente bien con las tribus primitivas. Nos encontramos con una especie de exaltación al Darwinismo invertido. La veneración a la involución y el anatema del desarrollo humano.

Así las cosas, resulta lógico que incluso Evo Morales haya dicho que Avatar es una profunda muestra de la resistencia al capitalismo y la lucha por la defensa de la naturaleza. Pero, al margen de consignas repetidas hasta la nausea, ¿sería realmente capitalista Avatar llevado a la vida real? Obviamente, no. Pura publicidad. Pura manipulación. Considerando que el capitalismo encuentra su fulcro en el libre intercambio de bienes dentro de un marco jurídico que respete la voluntad del cambio así como el derecho a la propiedad privada, la empresa llevada a cabo por los militares de Avatar en Pandora al socaire de una multinacional nada tiene que ver con el mal llamado neoliberalismo. De inicio, cabe subrayar que toda multinacional ha encontrado su posición de privilegio en el mercado a lo largo de las décadas gracias al Estado, lo que se opone frontalmente a las teorías liberales que exigen un Estado reducido a su mínima expresión y, mucho menos, con capacidad de intervención en las fluctuaciones y ajustes automáticos del mercado. Hayek y Mises ya demostraron hasta qué punto los monopolios estatales corresponden a una sociedad centralizada, y cómo sus antecedentes, ciertas estructuras gremiales, sucumbían al perder sus privilegios, pues no pueden competir en igualdad de condiciones contra un ofertante distinto que fomente la baratura. Los monopolios alcanzan un mercado cautivo gracias al control estatal. Sin ir más lejos, Mises recordó de qué manera reinó hasta el siglo XVIII la premisa paternal en cuya virtud no era lícito ni justo vencer a otros produciendo géneros mejores y más baratos. Siguiendo con grandes economistas y en contraposición al antiliberalismo ramplón de Avatar, cabe recordar también las palabras del padre de la Escuela Austriaca, Carl Menger, quien llegó a la conclusión de que «para despreocuparnos de la economía en general necesitaríamos o que los actuales bienes se multiplicasen de modo casi infinito (hasta dejar de ser bienes escasos y, por tanto, económicos) o que las necesidades humanas adelgazasen de modo casi infinito (hasta poder satisfacerse con el producto de un trabajo sin incentivos individuales, estrictamente colectivizado)»

En el caso de Pandora, como en el de todos los sistemas tribales y de castas, no ocurre ni lo uno ni lo otro. Y aun así se despreocupan de la economía. Cosa que parece loar el propio Cameron, olvidando que hasta los gatos quieren zapatos. Han sido conocidas a lo largo de la historia las innumerables matanzas entre distintos clanes por cuestiones religiosas, de poder, o de bienes. Llámense Apaches, Pies Negros, Comanches o Cherokees, los indios americanos luchaban con el mismo denuedo entre ellos como contra los hombres blancos invasores, así como aliados de éstos contra otras tribus. Así han funcionado por siglos las estructuras tribales. De modo que la solución en tiempos de vacas flacas pasa por encomendarse a Dios e imponer la Ley de la gumía, pues todo ser humano lucha por sus necesidades. Unas necesidades que la economía y el sistema de producción capitalista en concreto satisfacen más holgadamente que la degollina.

Pero James Cameron tira sobre seguro y se va de pesca a una piscifactoría donde algo caerá, máxime si a su ristra de carnada le añade el ecologismo. Convertido en el nuevo becerro de oro de la progresía anticapitalista, el ecologismo sirve igual para un roto que para un descosido. Siendo este un fenómeno sociológico perteneciente a sociedades ricas, se lo endosan a los tercermundistas, cuando son ellos los primeros heresiarcas que prefieren medrar y alcanzar un nivel de vida más alto en lugar de vivir para preservar un sistema primitivo para júbilo de oenegés y demás Mowglis occidentales con internet y aire acondicionado.

Llaman la atención las contradicciones tan infantiles con las que tropieza James Cameron en Avatar, percibiéndose ese tufillo anticapitalista precisamente desde lo alto del mismo capitalismo. 20th Century Fox no es precisamente un gulag, muy a pesar de Evo Morales y demás fauna menor progre. Pese a los taparrabos y la Pachamama, se cuentan a miles los millones invertidos en el desarrollo tecnológico necesario para la producción de Avatar. Quienes ven en la lucha de los Na`vi cierta pedagogía moral, deberían ver más bien una dosis de ideología hecha producto de consumo. ¡Quia! Un producto que lleva a hacer el ridículo incluso al dictador bolivariano que, en una contradicción como la Cordillera de los Andes, termina alabando una maravillosa finta de cintura capitalista.

Eso sí, lo estético corre otra suerte. Si Stendhal levantara la cabeza...

miércoles, 10 de febrero de 2010

EL PEQUEÑO BUDA LEONÉS

No cuesta imaginar a Zapatero noche tras noche mirando su córvida jeta frente al espejo de mano lustrando sus virtudes narcisistas en un conato de Blancanieves. Espejito, espejito, ¿quién es la más bella del Reino? A lo que el espejo, en pleno estado de ebullición ante tanta trola, le soltará de un zurriagazo las portadas de los diarios nacionales como respuesta. Y es que, entre toda la fauna mayor y menor del Reino, Zapatero no es sólo la más fea, sino también la más torpe y ridícula. Y la más mentirosa. Tanto que incluso sus propios heraldos y cortesanos le imploran de rodillas un mínimo de decoro. Por Castilla-La Mancha se ha podido oír el graznido de un tal Barreda pidiendo un cambio de Gobierno. Las aguas ya no suenan como un arrullo antes de dormir. Suenan salvajes, como si se hubiesen abierto de par en par los portones de la presa mayor del pantano. El dramaturgo y psicólogo Alonso De Santos ha dicho que Zapatero es un alucinado. El Financial Times lo llama paranoico. El diario The Economist, por su parte, corrió una suerte de Cicerón atizando a Catilina -¿hasta cuándo seguirás abusando de nuestra paciencia?- recordándole que suena a chiste que Zapatero asesore a Europa en la recesión cuando tiene su propia casa patas arriba. Distintos eurodiputados le dieron una buena azotaina tras su primer discurso en el Parlamente Europeo después de pretender dar lecciones a los allí presentes con su palabrería almibarada de siempre, incluyendo cochecito eléctrico. Y mucho más: Solchaga, Felipe, Reverte, Leguina, Jordi Sevilla... Incluso la propia Guardia Civil y los sindicatos policiales. Todos los frentes andan abiertos. Como que a perro flaco todo son pulgas. En lo concreto de la gestión económica, ración doble. La firma estadounidense Standard & Poors incluyó una rebaja en su perspectiva de rating después de quitarnos la triple A, pasando de estable a negativa. De la misma guisa nos llegó el informe de Moody’s, según el cual España lidera el índice de miseria en un ranking en el que se computan los riesgos económicos y sociales derivados de los niveles de paro y déficit fiscal de dieciséis países. ¡Sapristi! Suma y sigue. Se le hielan las migas de la mano a la boca

Y así, nuestro turiferario esparce la peste con su turibulo carcomido por tanta mugre por cada uno de los rincones de España, dejando un rastro de más de cuatro millones de parados y una Nación desvencijada. Sin embargo, más fácil será ver a Gala panegirizar a Bush que a Zapatero entonar un Mea Culpa. Cosas del endiosamiento. Es eso lo que hace especialmente particular y peligroso a nuestro Salvador. Un hombre que, como escribiesen Isabel Durán y Carlos Dávila en su libro La gran revancha, se tiene en tan alta estima que fue capaz de declamar en una de sus clases que, una vez abandone la vida política, contará algunas grandes verdades de este mundo a sus alumnos. Así, tal cual. ¡El advenimiento Glorioso del Mesías! Cosas del delirio: creerse hortensia siendo cardo. Y es que nos encontramos con una persona devorada por el personaje. Un ser con más obsesiones que ideas. Un maestro en el arte de la tautología. Es sabido que la mentira forma parte de la sangre del político, pero creerse sus propias mentiras lo convierte en una epidemia. Nixon se creyó realmente todas sus paparruchadas cesaristas hasta que le cayeron las hostias a calderadas y tuvo que abandonar su trono áureo camino de su residencia de San Clemente con billete de ida. Y así, a chorros. La diferencia es que existen políticos que se envuelven en el satén de la arrogancia sirviéndose del mundo y mostrándose tal cual; pero, en cambio, Zapatero se esconde bajo esa máscara de saddhu indio descansando indolente bajo una higuera a orillas del Ganges, sin más ajuar que su escudilla de mendigo y la meditación vipassana como única arma. Y así, que nos meta decúbito prono la Alianza de Civilizaciones y todo el buenismo que nos quiera vender. Suerte que Gandhi anda criando malvas. De lo contrario, ya tendríamos a ZP haciendo kilómetros día sí y noche también camino de la India esperando que el bueno del Mahatma nos colara el Swadeshi hasta por la ventana. Y tratándose de un mentecato como Zapatero que, según dice, se deja asesorar incluso por su propia hija en cuestiones políticas, pues casi que colaría. Así nos luce el pelo. Y la cartilla. O lo poco que quede de ella.

Al menos la de las pobres hormiguitas a las que pisotea con sus patas de cervatillo, pues cartilla hay siempre de sobra para comprar el silencio de los sindicatos. Y es que no le duelen prendas multiplicar por lo que haga falta las ayudas a esta Hermandad de Bucaneros con patente de corso haciendo frenar la voluntad de los propios trabajadores inclusive, que, en muchos casos, prefieren aceptar una rebaja del sueldo a costa de no perder el empleo. Algo a lo que se oponen los filibusteros de la sopa boba. O agilizar el despido. Tanto monta. Una forma tan mezquina de comprar silencios y ser comprados que recuerda al dilema moral de las putas y los puteros. ¿Encontramos más rebajamiento moral en aquella mujer que hace mercancía de su propio cuerpo o en aquellos que la consumen? Sin embargo, el bueno de Zapatero se permite hacer sus Américas particulares junto a Obama en el Desayuno de la Oración para llevar a cabo una de sus astracanadas más sobresalientes de inmoralidad. Y es que fue de matrícula de honor su interpretación del bombero pirómano. Entre sus tantas perlas, brilló con especial fulgor aquella que hablaba de respetar los jornales de los trabajadores. Cosas veredes… Resulta paradójico que quien se encarga de esquilmar el pequeño bolsillo de los más desfavorecidos con una fiscalidad tortuosa como la de nuestro país, se dedique a dar lecciones de moral empresarial, cuando en el reino de los ladrones él es el cabecilla de la banda. Y nos hace de Robin Hood. O aquella otra de caer de hinojos ante la libertad cuando lo han cogido con el anteojo de Sitel mirando por la ventana de la vecina o exprimiendo como naranjas todas las referencias de libertad en el índice de Libertad Económica. O que hable del odio cuando ha sido él quien se ha encargado de levantar pústulas y exacerbar el odio en España con una Ley de la Memoria Histórica que barre y demoniza a lo que fue una mitad del país. O que se ponga la medalla de sheriff del oeste pidiendo actuar allá donde la libertad se vea amenazada a fin de garantizarla, cuando precisamente es Zapatero quien se ha convertido en la punta de lanza de los regímenes totalitarios de Latinoamérica más allá del continente. Así que, en lugar de haber leído un pasaje del Deuteronomio como el elegido, mejor haber citado las palabras de San Lucas que con cierta sandunguera recomendaba Dragó en su columna dos días antes de la puesta en escena de ZP: «Más alegría habrá en el Cielo por un solo pecador arrepentido que por noventa justos llegados a él»

Por imperativo de la casualidad o la causalidad, leo hace poco en Y si habla mal de España… es español, del mismo Sánchez Dragó, un entrecomillado de Clive Staples Lewis que dice lo siguiente: «De todas las tiranías, ninguna más opresora que la ejercida por el bien de sus víctimas. Más vale vivir bajo barones rapaces que estar sometidos a la autoridad de metomentodos morales y omnipotentes. La crueldad del gobernante rapaz puede dormir a veces y su concupiscencia estar momentáneamente saciada, pero quienes nos torturan por nuestro propio bien lo hacen sin cejar nunca en su trajín, pues cuentan para ello, en todo momento, con el permiso y la aprobación de la voz de su conciencia». Me quito el cráneo.

Y ahora, a seguir entregando 285.000 euros para la gestión del bosque de pistacho de Afganistán por el bien del mundo y ver cómo crece la hierba mientras alcanza el Nirvana a la sombra del árbol Bodi.

jueves, 28 de enero de 2010

LA SHOAH

Yehiel Mintzberg nació en Radom, Polonia. Vivió en el gueto de la ciudad hasta que, en 1942, fue trasladado al campo de exterminio de Treblinka en una de las tantas marchas de la muerte llevadas a cabo por el Régimen Nazi. Tenía diez años cuando fue introducido en una cámara de gas. Su único pecado fue el de haber nacido marcado por la religión judía. Ese mismo año se convocaba la Conferencia de Wanesse, en la que se pondrían a remojar las ideas y métodos de ejecución de la Solución Final del problema judío. Hasta la fecha, los judíos eran fusilados en bosques y edificios vacíos cercanos a las fosas comunes previamente cavadas. Era un proceso demasiado lento. Además, resultaba que los fusilamientos masivos tenían un efecto dañino sobre las propias tropas. Cosas de la naturaleza humana. Así que se decidió llevar a cabo un proceso de ejecución mucho más planificado, incluso podría decirse que industrializado. La principal diferencia entre los anteriores campos de concentración y los nuevos campos de exterminio estribaba en que, en los primeros, se llegaba al exterminio por medio del trabajo, mientras que a los campos de exterminio llegaban en cantidades industriales, como corderos camino del matadero, con el único fin de ser asesinados.

El proceso era sencillo y las órdenes claras. Las fuerzas policiales y las fuerzas del orden judía se presentaban en los guetos y organizaban grandes redadas. Los judíos eran conminados a dirigirse a una zona cercana al apeadero, donde les esperaban los trenes de ganado. Como ratas siguiendo al flautista de Hamelín, corrían los judíos al socaire de las órdenes y latigazos de los mandos policiales. En pocos minutos, los vagones de los trenes cargaban una multitud abigarrada de judíos. Durante el viaje carecían de agua y casi de oxígeno. Ahí comenzaba la primera de las torturas. A veces el viaje duraba días. De pie y con el aliento helado, la sed se hacía insufrible. Como describiera Primo Levi, superviviente de Auschwitz y autor de Si esto es un hombre, durante el viaje el aliento se les helaba literalmente del frío, con lo que soplaban sobre los perros del vagón y raspaban la escarcha blanca que se formaba para conseguir unas pocas gotas con las que humedecer los labios. Muchos alcanzaban el último estertor en el propio vagón de tren. Sobre todo los niños.

Al llegar a su destino se separaban en tres grupos: hombres, mujeres y niños. La Tramoya alemana comenzaba a funcionar desde ese instante. En el matadero de Treblinka, nada más poner los pies en el suelo, los judíos se encontraban con un paisaje idílico, rodeado de bosques y casas de madera. El propio apeadero se asimilaba a los de los pequeños pueblos polacos, con reloj incluido. Un reloj que siempre marcaba las tres. Venían a trabajar. O eso creían. Conforme avanzaba la caterva judía se iban topando con más trampas. Divididos por grupos, eran llevados a una sección donde debían desnudarse y dejar sus pertenencias a un lado a fin de ser desinfectados. Los objetos eran apiñados para luego ser enviados a unas barracas que apodaban “Canadá”, donde eran clasificados para su posterior envío a Alemania. Tras desnudarse y dejar sus pertenencias, les extendían un cordel para que anudaran sus zapatos, creando así la falsa ilusión de que tal operación sólo podía ser una garantía de seguridad y orden. Finalmente, eran conducidos a las duchas comunes en medio de un caos organizado. Y es que, como el pastor que garrotea a las cabras para que vuelvan al redil, los judíos recibían idénticos trallazos para sembrar cierto pánico y que se adentraran a las duchas con premura. El fin no era otro que el de acelerar el ritmo de la respiración para que inhalasen más aire dentro de las cámaras. Así, desde el techo comenzaban a caer las famosas cápsulas de Zyklon B, que se convertían en gas venenoso en contacto con el aire. En un minuto el suelo estaba repleto de cadáveres que posteriormente eran llevados en un montacargas a los hornos crematorios.

La operación se repetía día y noche. Desde Auschwitz a Treblinka, pasando por Majdanek, las fábricas de la muerte funcionaban a pleno rendimiento asesinando a miles de judíos diariamente. Tal es así que Kurtz Franz, el segundo con mando en plaza en Treblinka, se ufanaba de poder acabar con la vida de seis mil judíos en tan sólo setenta y seis minutos. No era el único de los enfermos mentales que movían los hilos de la Solución Final. Conocido es el caso del Doctor Mengele, quien no debió interiorizar muy bien el Juramento Hipocrático con el que desde la antigüedad se han comprometido los médicos de toda laya a actuar en beneficio del ser humano y no en su detrimento, apartándolos del prejuicio y el terror. Y es que la principal obsesión de Mengele fue la esterilización masiva de los judíos y la perpetuación de la raza aria. Para conseguir lo primero luchó con denuedo, hasta que abandonaron el programa por una simple cuestión matemática: el proceso era demasiado lento. Era preferible pasarlos por el matadero. Muerto el perro… Para lo segundo hizo todo lo que estuvo en sus manos. Fue tal la obsesión que muchos de los niños que bajaban de los vagones de tren pasaban por sus laboratorios para correr una suerte de conejillos de india. Especialmente trabajó con los gemelos, a fin de establecer las causas genéticas del nacimiento de gemelos para poder llevar a cabo un programa que doblara la tasa de nacimientos arios. Una buena muestra de cómo la ideología, aun siendo tan perversa, cabe en la ciencia cuando se desmocha la propia deontología.

Y así, uno por uno, fueron perdiendo la vida hasta llegar a los seis millones de judíos muertos. Considerando que en 1933 el número aproximado de judíos en Europa era de nueve millones, cabe imaginar la magnitud que alcanzó el Holocausto. Dos de cada tres judíos murieron en un programa de neurosis institucionalizada donde se apagaron las sonrisas de miles de Yehiel Mintzberg, figura arquetípica del inocente cuyo único pecado mortal fue el de haber nacido marcado por la religión judía. Una religión perseguida a lo largo de los siglos. Desde la Varsovia del 39, pasando por la aljama de Sevilla en el Siglo XV, retrayéndonos hasta la Diáspora, así como las lanzadas de Nabucodonosor y el cautiverio babilónico, la historia se repite en un bucle maldito para los judíos. Y los ecos de tanta humillación y escarnio llegan hasta nuestros días.

A las diez de la mañana, las sirenas aéreas sonaron durante dos minutos en todo Israel el día de ayer. Como todos los 27 de enero tuvo lugar la triste Shoah. Es el día del recuerdo oficial a las víctimas del Holocausto judío. Durante dos plúmbeos minutos el aire se vuelve más denso, casi irrespirable. Los transportes públicos se paralizan y los transeúntes se detienen mostrándose hieráticos para alzar sus rezos y memorias. Los locales y comercios cierran. Todo Israel se vuelve de piedra. Una piedra fría como la de los muros levantados en los más de cuarenta campos de concentración y seis de exterminación.

La Shoah conmemora el día en el que los soldados del Ejército Rojo entraron en el campo de Auschwitz-Birkenau, dándose de bruces con un espectáculo dantesco. Seis mil hombres esqueléticos deambulaban de un lado a otro a lo largo y ancho del campo. Solos. Conforme los alemanes iban dando la guerra por perdida, Auschwitz se convertía en el matadero oficial. La SS se encargó de dinamitar la mayoría de los campos de concentración a fin de cubrir sus vergüenzas de cara a la comunidad internacional, pues durante la Guerra los Aliados expresaron su intención de procesar a los responsables de crímenes contra la humanidad. Sin embargo, los prebostes del Nazismo se fueron por la puerta trasera, la del suicidio. Una puerta que cruzan los más cobardes y débiles, al igual que detrás de cada proyecto megalómano y personalista hay un hombre empequeñecido que sale al mundo real bajo la máscara del endiosamiento. Tal era el caso de Hitler y Himmler, alfareros de la Alemania Nazi. Todo el mundo hubiese sentido cierto alivio al verlos salir de un búnker subterráneo con aspecto famélico tal como ocurriría décadas después con Saddam Hussein; pero su cobardía fue mayor. Al menos queda el consuelo de imaginarlos sufriendo ese difícil pulso que es el de enfrentarse a uno mismo hasta acabar con la propia vida.

Finalizada la Segunda Guerra mundial, los judíos que se libraron de ese descenso al Infierno de Dante que fue el Holocausto emigraron en su inmensa mayoría a Estados Unidos, Canadá y Australia. Muchos de ellos formaron grandes campamentos en Alemania con la ayuda de los Estados Unidos. Se produjeron a su vez éxodos masivos a la Tierra de Israel, a fin de encontrar la paz robada durante tantos años y ver hecho realidad el sueño de la comunidad judía. El 14 de mayo de 1948 se proclamó el Estado Independiente de Israel en el territorio otorgado por las Naciones Unidas. Con el Holocausto aún en la retina, los judíos fueron expulsados de los territorios árabes y se inició una nueva persecución que dura hasta nuestros días. Se trata de arrojar a los judíos al mar. De esta manera, el escarnio y la pesadilla se prolongan. No obstante, no son pocos los que escupen pestes sobre los judíos y el Estado de Israel, ignorando su pasado más reciente. Muchos de ellos llegan al extremo de negar el Holocausto inclusive.

Son capaces de tomarse la licencia de aleccionar al común de los mortales ufanándose de antisemitas mientras trituran al Nazismo. Olvidan que, como bien detallara Hayek en Camino de servidumbre, el nacionalsocialismo no fue un socialismo desvirtuado; más al contrario, fue el socialismo en su máximo esplendor. Echamos el telón sobre los hechos históricos ignorando que la teoría y la práctica del socialismo que llegara a Inglaterra encontró sus raíces en la propia Alemania. Que una generación antes de llegar a Inglaterra, Alemania contaba con un Partido Socialista con gran tradición en su Parlamento; y que el desarrollo doctrinal se llevaba a cabo en la misma Alemania, mucho antes de llegar incluso a Rusia. De ahí que el propio Hitler llegase a declamar que fundamentalmente nacionalsocialismo y marxismo son la misma cosa. Es más, las teorías liberales encontraron su principal obstáculo en la figura del propio Hitler. A fin de cuentas, conviene destacar que los primeros que pisaron los campos de concentración fueron los liberales. Así, se olvida que el socialismo es lo contrario a la libertad y en sus orígenes ya demostró ser una ideología de tintes totalitarios. Más sangrienta mientras más se ajustara a la doctrina misma. Como escribiera Raymond Polin: "[...]Los valores de libertad son valores de individualidad y diferenciación, mientras que los valores de igualdad lo son de asociación y socialización, hasta de homogeneización. Ambos van por vías de sentido diametralmente opuestas. Sostener derechos iguales a libertades iguales es ya un poderoso factor de desigualdad."

Y a partir de ahí, a tirar del hilo. Y a dar puntadas...

http://www.youtube.com/watch?v=pfn-G_AjvlQ&feature=related

jueves, 21 de enero de 2010

EL GORILA Y HAARP

Tiempo llegará en que el toro salvaje se entregue al yugo. O no. Puede que, por el contrario, éste se desboque aún más. Y así, a empellones, embestir contra todo aquello que pille por delante. En esas anda el rumiante bolivariano, armando la de San Quintín en medio de una cacharrería. Y con el juicio descoyuntado. Nunca es suficiente. Siempre hay una barrabasada que superar. La última: que el terremoto de Haití lo provocó una prueba de la Marina de los EEUU. ¡Albricias!

Semejante baladronada daría que reír si no diese pena por el rebajamiento mental que implica. Y peor aún. Los hay por estos lares que aspiran fuerte el humo del incienso que reparte el primate involucionado. Y es que las confabulaciones tienen ese poder. Son tan Hollywoodienses que calan. Son como esos caramelos blandos que se deshacen en la boca sin tener que masticarlos siquiera. Porque lo que está claro es que aquí mismo, en España, no son pocos los que degluten con fruición la perorata victimista del gorila rojo y todo su antiamericanismo. Es más, se sigue con devoción de monjas. A saber. Mitos como que el 11-S se fraguó en los despachos de la Casa Blanca o que la CIA puede leer nuestros emails sin una causa probable, son miel sobre hojuelas para la rebañega monomaniática. Otra de las paranoias que más adeptos va tomando en la red es la de que, al parecer, la CIA controla Facebook. Al leer eso, pareciera que unos cuantos de miles de agentes de la CIA dedicaran su tiempo libre a leer los mensajes privados de sus doscientos millones de usuarios. Si fuera cierto, personalmente, sería el organismo al que le confiaría mis datos personales con más tranquilidad y seguridad. ¿Acaso conocen esos que andan entre conchabanzas SITEL? Ay, si tenemos la manzana prohibida en casa y la buscamos allende a los mares.

No obstante, lo verdaderamente enjundioso, la masa mollar, la madre del cordero de la paranoia colectiva es el proyecto estadounidense HAARP. A efectos teatrales, HAARP lo tiene todo para crear mitos y confabulaciones de toda laya. Baste teclear en Google 'Haiti conspiracy' y aparecerán más de tres millones de entradas. El proyecto norteamericano HAARP (High-frequency Active Auroral Research Program) existe realmente desde 1999. Sus fines, lejos de producir terremotos, son los de "entender, simular y controlar los procesos ionosféricos que podrían cambiar el funcionamiento de las comunicaciones y sistemas de vigilancia". A partir de ahí, los sembradores de mitos encontraron todo un granero a desbordar. Y tal es así que la Tramoya mueve montañas. Al margen de los artículos puramente científicos –inalcanzables al entendimiento del común del hombre masa– los textos que podemos encontrar en internet respecto a HAARP se hallan en su noventa y nueve por ciento, y creo ir corto, en foros, blogs, páginas de conspiraciones, mitos, leyendas, antiamericanismo y pseudociencia. Mucha pseudociencia y pocas referencias serias. Es más, al leer en la mayoría de páginas, al margen de lo cómico de los textos en sí, figura una referencia bastante estrafalaria como esencia de HAARP. Según la caterva quimérica, la clave del experimento secreto norteamericano está en la tecnología de Pulso, Plasma y Sónico Electromagnético Tesla. Al indocto en materia vencido por la curiosidad le lleva a buscar semejante tecnología en Google, con el consabido resultado. Aparecen tres mil ciento cuarenta entradas, todas ellas pertenecientes a blogs, foros y páginas antiamericanas. Ningún rastro de rigor científico. Es más, baste buscar por la vida de Nikola Tesla y aparecerán miles de páginas ligadas a pura mitología en torno a la energía libre y demás leyendas de experimentos de la CIA con el propio Tesla. Es este el hontanar intelectual del que beben muchos de los adeptos a Hugo Chávez y a la causa antiamericana. Pura literatura. Pura nesciencia.

Y es que, como escribiera el gran François Revel en La obsesión antiamericana, el pendón que guía la procesión del odio a los Estados Unidos no es otro que la mentira y, ante todo, el odio a la libertad. Una auténtica libertad de la que pueden presumir los norteamericanos, mientras que esos corderitos muesos adeptos al Régimen no pueden dar un balido más alto que otro. Mordazas en el hocico de lechón. Esclavismo moral. Obvio es que donde no llega el conocimiento anida la maldad. Y es esa la maledicencia que siembra el Gorila Rojo como una epidemia con sus arengas y soflamas antiamericanas. La iniquidad que le lleva a querer controlar los designios de los Hados, a querer plegar la voluntad individual de la sociedad a su neurosis particular. Un auténtico Narciso mirándose en el reflejo del agua. Un Pigmalión enamorado de su propia estatua. Lo mismo se puede decir de todos aquellos que se agarran con uñas y dientes -por protagonismo o por sentirse diferentes- a toda suerte de mitos infundados a fin de cubrir sus propios miedos. Hugos en potencia.

Lo cierto es que, tarde o temprano, todos terminamos beneficiándonos de los supuestos planes secretos norteamericanos. De igual tuvo su momento de mistificación el GPS, mientras que ahora se benefician cientos de millones de personas en todo el mundo gracias a los Satélites operados por el Departamento de Defensa de los Estados Unidos. O Internet, puesto en pie por la Agencia de Proyectos de Investigación de la Defensa, adscrito al Departamento de Defensa igualmente. Despreciar lo estadounidense sólo por el hecho de serlo mientras se cae de hinojos ante lo hogareño, es tropezar en el chovinismo más montaraz y ramplón.

Más valdría que de verdad tuvieran los Estados Unidos toda esa maquinaria secreta para poder quitarse de una sacudida a todos estos dictatorzuelos del tres al cuarto sin tener que rendir cuentas. Y a los infaustos antiamericanos muellemente instalados por estas tierras, recordarles siempre que, de no ser por los planes secretos de Estados Unidos, ahora mismo este post estaría escrito en lengua germana. ¿No?

martes, 19 de enero de 2010

PUERTO PRÍNCIPE (II)

Comienza a correr el agua por donde solía. La usura y el latrocinio vuelven a ser la médula neurálgica de Haití. Los malandrines se han lanzado a la calle haciendo honor a su pasado de macheteros en las plantaciones de caña de Oriente y Camagüey. Y así, a machetazos, se reimplanta la ley del hampa. Tras la sacudida de Enriquillo, el hatajo de delincuentes que ocupaba la cárcel de Puerto Príncipe aprovechó para salir de naja de sus celdas y lanzarse sobre el Ministerio de Justicia para quemar los registros penitenciarios. Alas al diablo. Si a ello le sumamos el estado de desesperación del común de la población, la suerte está echada.

Sin embargo, cuando empieza a ser urgente ponerle el cascabel al gato, los ratones no terminan de conjurarse contra los más valientes. Así, aparece en medio de la ratonera la voz tonante de Daniel Ortega y Hugo Chávez. El nicaragüense proclamó que no tiene ninguna lógica que Estados Unidos envíe tropas, cuando lo que necesitan urgentemente es ayuda humanitaria. Muy sabio. Dale las llaves del gallinero al zorro. Pon en cada esquina de la ciudad una caja de madera envuelta con un lazo rojo en la que avise que ahí descansa toda la ayuda precisa. Y adiós, muy buenas. Tanto Ortega como Chávez quieren endosarle a Estados Unidos sus propias limitaciones y miserias. Mientras los norteamericanos son quienes más ayuda han aportado hasta el momento, además de trasladar todo tipo de infraestructura, incluida la necesaria para producir cientos de miles de litros de agua potable diarios, son cada vez más los que miran por el rabillo del ojo la noble actuación de Estados Unidos. Parece ser difícil entender que detrás de cada saqueo existe el riesgo de una lucha intestina por el botín. Y detrás de esa disputa, puede esconderse una muerte. Y detrás de cada uno de esos ajusticiamientos callejeros, el germen de una violencia generalizada. Y en esas andan. Es de natura que los Estados Unidos, duchos en estas lides, sepan que hay que tirar de soldados para ir extendiendo un manto de paz y seguridad civil, llegando, si es preciso, a matar. Pues no hay que olvidar que una cárcel entera –con sus ladrones, sus asesinos, sus violadores– campa a sus anchas por la ciudad. Pero claro, a toro pasado todos somos Manolete. Siempre será más fácil buscar fatuas explicaciones que mirar de cara a la realidad tal cual es. O ver con mejores ojos el paseo de la vice De La Vega por las derruidas calles de Puerto Príncipe con sus gafas de Dior y demás fruslerías, estorbando las labores de rescate y comprometiendo el trabajo con su séquito de cámaras y periodistas, además de desviar recursos de seguridad. Inutilidad pura. O esos celos franceses cuando el Ministro de Cooperación se queja de la actuación predominante de Estados Unidos. Recelos históricos. Y afán de protagonismo. Mucho afán de protagonismo y baño de luces.

Por ello, es siempre encomiable la labor humanitaria de los norteamericanos, quienes en poco tiempo contarán con un destacamento de catorce mil soldados desplazados sobre la isla. No hay petróleo, ni riquezas, ni infraestructura lanzadera. Nada. Estados Unidos no hace otra cosa en Haití más que perder: dinero, tiempo, soldados. Sin embargo, ahí están. Demostrando al mundo, una vez más, que no es ese perdulario país que nos pinta la progresía ramplona por estos parajes, sino que son, lisa y llanamente, los mejores. Bien saben que ni el buenismo huero ni las ONG pueden deshacer el entuerto. Los víveres no son víveres sin una mano fuerte que los disponga. De lo contrario, no son más que pura carnaza. Como bien señala El Mundo en su editorial de hoy, más que pedir explicaciones a Washington por su protagonismo, cabría pedírselas a Ban Ki-Moon por el vacío que en la escena ha dejado las Naciones Unidas.

Lo cierto es que, al margen de las buenas y paternales voluntades, el Estado en Haití es inexistente. Y peor aún: nunca existió un Estado garante de las libertades individuales y con un sistema judicial fuerte. Más al contrario. Baste bucear por el Doing Business 2010 para pasar de lo abstracto a lo concreto. Para aquellas almas seráficas borrachas de buenismo y partidarias de una recuperación casi natural en la que sea la propia población la que vaya rearmándose a sí misma, junto a la ayuda de oenegés y Naciones Unidas, sería bueno pararse un instante en el abrevadero de los datos. Así, por ejemplo, en el ranking de facilidades para abrir un negocio, Haití ocupa el lugar 180 de un total de 183. Lo que viene a decir, lisa y llanamente, que es el antepenúltimo lugar del Planeta Tierra donde un empresario con luces abriría un negocio, a no ser que quiera ser pasado por la trituradora fiscal. Seguimos. En el caso de que un empresario quiera registrar una propiedad, el tiempo medio empleado para completar dicho registro es de 405 días. Es decir: es el segundo país empezando por la cola. Si tardar más de un año en completar el registro de la propiedad desborda la paciencia, nada tiene que ver con el tiempo requerido para conseguir las licencias y permisos necesarios para la construcción de un almacén, así como completar las inspecciones requeridas y obtener conexión a servicios públicos tales como agua o electricidad. Esta vez, la espera se multiplicaría por tres, hasta extenderse a los 1179 días de media. A ello se le suman las dificultades para el cumplimiento de contratos o la horca constante de los impuestos. Tanto es así que la Federación Dominicana de Comerciantes denunció hace pocos meses que Haití había multiplicado hasta por quince los impuestos que cobra en Aduanas a los principales productos dominicanos que importa.

A toda esa panoplia de armas oxidadas cabe añadirle que Haití posee una de las condiciones de vida y salud más precarias del mundo. La expectativa de vida ronda los cincuenta y cinco años; y la edad media al morir es de dieciocho. La mortalidad infantil es de ciento cincuenta y seis por cada mil niños nacidos vivos. Es por ello que el debate, más allá de lo estrictamente humano, debe pasar por el difícil tamiz de lo económico. Todos esos compañeros de viaje por el mundo de la pobreza que, al igual que Haití, malviven por el continente suramericano y alrededores escupiendo pestes sobre un progreso económico entibado con los maderos del capitalismo, deberían reparar en que el progreso es un seguro de vida incluso frente a las catástrofes naturales. En Japón, terremotos como el vivido hace días en Haití son relativamente frecuentes. Sin embargo, las consecuencias nunca se acercarían a las sufridas en la isla caribeña. El progreso económico llega hasta el extremo de convertirse en un paraguas a la hora de velar por nuestra seguridad diaria. Desde la infraestructura básica hasta los materiales, pasan por el ciclo de la economía de mercado. El libre intercambio de propiedades llega al punto de garantizar que un terremoto en Japón de siete grados no precise más medida de seguridad individual que la de esconderse bajo una mesa. Todo ello en un país que, no hace tanto tiempo, en 1945, quedó totalmente devastado y calcinado tras la guerra. Los niños pasaron de alinearse a lo largo de las líneas férreas pidiendo a los soldados estadounidenses que les arrojaran caramelos desde los trenes a, quince años después, tener los tres tesoros sagrados: televisor, lavadora y frigorífico. Todo ello gracias a la deriva de timoneles llevada a cabo por el primer ministro Ikeda, quien llegó a declamar que sus planes para el país no eran otros que pura política económica.

Esta es la batalla que deberá librar Haití tras el terremoto, así como todo occidente. Y es que, Asia está repleta de milagros económicos como el de Japón, incluido Hong Kong, con peores condiciones naturales incluso que las de Haití. Antes de exornar el futuro de Haití con buenismo y antiamericanismo, sería conveniente mirarse en el espejo de los tigres asiáticos para saber que primero hay que aprender a ponerse en pie. Después, casi por inercia, se comienza a andar; y luego, si se quiere, se echa a correr. Pero librar a Haití de su marasmo actual pasa por, una vez restablecido el orden, tomar las medidas que más escuecen a la corrección política pero que, por el contrario, terminan siendo las más profilácticas. A saber: establecer un sistema jurídico sólido e independiente capaz de garantizar las libertades individuales y el respeto a la propiedad privada. Permitir la entrada de capital extranjero. Derrumbar las barreras arancelarias. Alimentar la competitividad. Permitir localizaciones. Poner a dieta el aparato burocrático y, en definitiva, crear las condiciones necesarias para el desarrollo de una economía de mercado real. Todo lo demás será predicar en medio del desierto. Pura farfolla.

Es a fin de cuentas este marco de libre mercado el que ayuda a crear la riqueza y la energía que permite minimizar el dolor del latigazo de la miseria sobre una población ya inerme de por sí. Que Haití deje de ser el muladar del mundo implica que más de un ablandahigos con mando en plaza arroje al mar toda su ideología escarlata. Lo contrario será como alimentar la caldera de la locomotora de un tren con la madera de los vagones. Y seguir amontonando mierda.

domingo, 17 de enero de 2010

PUERTO PRÍNCIPE


El diablo se esconde tras lo baladí. Así reza, al menos, el dicho popular. Sin embargo, ocurre que, a veces, su figura se nos presenta imponente y ciclópea. Y a plena luz del Sol. En medio de un ataque de cólera, debió descargar con la fuerza de mil mares toda su iracundia. No cuesta imaginársele cruzando el río Estigia en la patera de Caronte, clavando sus uñas sobre la madera mojada, con esa mirada sobrecargada, camino del mundo de los vivos con el tridente en ristre. Un banquete de hostias. Y así, con las pezuñas ya en polvorosa, pataleó como un poseso hasta hacer temblar la falla de Enriquillo. Todo Puerto Príncipe besó el suelo. Los edificios, como la hoja rozada por la llama, se plegaron sobre sí mismos al socaire de los trallazos y los rebuznos del malevo.

Y de aquellos polvos, estos lodos. Puerto Príncipe es una escombrera gigante. Entre riscos y hendiduras se consumen los atrapados. La respiración estentórea de los moribundos apresados entre el tonelaje de escombros se extiende como un mantra maldito por toda la ciudad. Los cuerpos sin vida se amontonan en las calles. Los fotógrafos, como el buitre que sobrevuela la carnaza, corren de un lado a otro en busca de la imagen más retorcida, más hiriente. Mientras más desgarradora sea, mejor. Son muchas las imágenes que cruzan la fina línea que separa la información del puro amarillismo. La deontología de muchas agencias de noticias se tambalea como días antes lo hicieran los pilares del Palacio Presidencial. Y entre tanto, se suceden las chapuzas y los desmanes. No sólo el FBI se ha quedado con el culo al aire al tirar de Google para montar un retrato robot rayano con el ridículo, sino que TVE también ha tenido que rectificar dos veces en pocos días al emitir imágenes falsas del terremoto de Haití por haber abierto el paraguas de Google para cubrir sus ediciones.

Aquellos que han sobrevivido y deambulan –ahora más que cuando era puro reclamo turístico– como zombis por las calles en busca de un familiar o, simplemente, ofreciendo sus manos como palas, se ponen cáscaras de limón o dentífrico en la nariz para sobrellevar el hedor a carne humana en estado de descomposición. Como siempre, los primeros en enarbolar la bandera de la solidaridad y la ayuda fueron los norteamericanos. Estados Unidos, el paladín de la insolidaridad y la cetrería de alto vuelo según la progresía, ha enviado ya el todopoderoso portaviones Carl Vinson, con un destacamento de seis mil soldados y diecinueve helicópteros. Ha enviado, además, otros seis barcos junto al USNS Comfort, el buque hospital más grande del mundo. Este inmenso hospital flotante es capaz de atender a más de mil pacientes diarios. Cuenta con mil camas y doce quirófanos completos. Para hacerse una idea de sus dimensiones, cabe destacar con negrita que el Hospital de La Paz de Madrid, uno de los más grandes de España, cuenta con 1325 camas. Entre los 1200 profesionales médicos que porta el USNS Comfort, se incluye también un equipo de veterinarios y una banda de música. Hay más. Además de los 100 millones de dólares donados por la administración Obama, pusieron rumbo a Haití tres aviones C-5 Galaxy, capaces de transportar 125 toneladas de ayuda humanitaria cada uno. Si a toda esa ayuda se le suma que, al igual que ocurriera con el Tsunami en 2005, la mayor parte de las donaciones privadas provienen de los Estados Unidos, sería conveniente ponerse en pie y aplaudir en lugar de tanta diatriba fácil y ramplona.

Y es que la tradición filantrópica norteamericana viene de raigambre. No sólo por librarnos de dos guerras y encargarse de la posterior reconstrucción de los países europeos con el hercúleo Plan Marshall. En todos los grandes desastres, han sido los norteamericanos el corazón que ha bombeado la sangre de la ayuda y el altruismo, con especial fe en los fondos privados. Verbigracia: solamente la fundación “Make It Right”, del actor Brad Pitt, se encargó de la construcción de 150 hogares para familias que habían perdido todo tras el paso del Huracán Katrina. Y no es el único gran desastre que sacudió Estados Unidos. Conviene recordar el terremoto de Sylmar en 1971 de magnitud 7. O más recientemente, en 2008, el terremoto de Los Ángeles de casi 6 grados, sin registrar ningún mal mayor. Todo ello, cuando los expertos ya avisan que, posiblemente, en un plazo de treinta años, se produzca el esperado Big One, el manotazo final que terminará tragándose la ciudad de Los Ángeles, convirtiendo el Sur de California en un auténtico Averno.

Con todo, capeado el temblor, sería conveniente valorar de qué manera habrían de llevarse a cabo las ayudas. Y es que, como lleva sucediendo durante décadas en África, las mercedes entregadas a los dictadores africanos vienen a caer en saco roto. Así, si nos atenemos a que Haití ocupa el puesto 176 en el informe de Transparencia Internacional elaborado por el Banco Mundial sobre un total de 180 países, no cuesta imaginar la posterior sacudida que le espera al país: una pobreza enquistada. Por ello, bajo la tramoya de una solidaridad más que ficticia de muchos países que se sacuden las moscas con un par de donaciones gubernamentales, debería esconderse una voluntad real de reconstruir la ciudad adoquín a adoquín, completando desde el alcantarillado hasta los más elementales servicios públicos. Todo ello, tal como está haciendo Estados Unidos, con unas garantías de seguridad reales como las que puede dar el ejército solamente, pues el Gobierno de Haití sería el primero en lanzarse a la carótida de las ayudas extranjeras para seguir tirando de la manta de la corrupción. Así, se sustrae una obligación mayor, que sería la de moldear con manos de alfarero un auténtico Estado.

Una vez los muertos sean enterrados y los telediarios dejen de disparar sobre el cristal del televisor todos esos cadáveres marengos por los escombros; una vez que los chorizos dejen de lanzarse a los pillajes como cerdos en torno al dornajo y la normalidad se instale en cada esquina de Puerto Príncipe, será el momento en el que habrá que colocarle las herraduras a unos cascos ya comidos por la corrupción institucionalizada y el latrocinio gubernamental. Y es que, todas hieren, pero la última mata. Y en Puerto Príncipe, el bueno de Enriquillo mata a miles de inocentes sin avisar; pero conviene no olvidar que, esperar que la corrupción no los mate de igual poco a poco, será tanto como pedir cotufas en el Golfo. Esperemos que los organismos privados hagan de comadrona de una criatura que no termina de salir del útero materno, como consiguieron hacer tras el Tsunami de Indonesia. He ahí un espejo donde mirarse la jeta oenegés vacías y demás cantamañanas.

jueves, 14 de enero de 2010

LUCES Y SOMBRAS

Las hemerotecas son depósitos calcáreos de información precisa que pueden producir gozo o airamiento según la orilla desde la que se contemplen. Pero también pueden obnubilar la razón con sus juegos de luces y sombras si no se siguen las coordenadas correctas. A saber. En marzo de 2006 dijo el Presidente Zapatero que Arnaldo Otegi –por entonces en prisión por incitar al terrorismo– había tenido un discurso por la paz y por abrir una etapa política distinta en Euskadi. Todo un espíritu celeste en el coro de los ángeles. Un auténtico serafín al parecer. Sin embargo, las luces celestiales que vio en Otegi eran auténticas tinieblas si repasamos renglón a renglón su biografía. No hace falta pasarse por la Casa del Libro. Pura hemeroteca. Pura Historia viva.

Así las cosas, el acendrado Gordo, como conocían al bueno de Otegi en su círculo más cercano, poseía una pureza de alma que ya la quisiera San Francisco de Asís. Y tal es así que con apenas veinte años se inició por los senderos de la caridad cristiana. En 1978 participó en su primer secuestro. La presa fue el director de Michelín en Vitoria, Luis Abaitua, a quien arrastrado por una maroma lo ocultaron en una cueva de su pueblo. Menudencias para el franciscano, pues su verdadera pasión fue siempre la clase política. Era tal su obsesión por los políticos que, un año más tarde, el jefe del aparato militar de ETA le ordenó al comando Kalimotxo el secuestro de Gabriel Cisneros. Al volante del Seat 127 de color rojo –¡cómo no!– con el que pretendían darle caza se hallaba el propio Otegi. Tras encañonarle, salió corriendo Cisneros como una liebre espantada calle arriba, hasta que un disparo malhadado alcanzó su estómago y cayó derrumbado. «No, no estoy bien, no sé si podré vencer al cáncer, pero sobre todo lo que me duele todavía es el tiro, el tiro de Otegui», decía en sus últimas semanas de vida el otrora diputado de UCD. Se les escapó vivo. Por ello, al poco tiempo, el jefe del aparato militar convocó un nuevo sanedrín para marcar los ejes de ordenadas y coordenadas de un próximo secuestro. El 11 de octubre de ese mismo año a las nueve de la mañana, el entonces Secretario General de UCD, Javier Rupérez, se subía al coche para dirigirse a un congreso de su partido, cuando Otegi se coló como una sombra en el asiento del copiloto para encañonarle una pistola en la sien. Esta vez las cosas salieron a pedir de boca. El secuestro fue un éxito, quedando claro que, como dijese Zapatero, Otegi es todo un hombre de paz.

Nada nuevo bajo el Sol. Así, poco antes de las pasadas elecciones municipales, mientras Conde Pumpido se deshacía en carantoñas con la organización filoterrorista ANV elogiando su alabastrina legalidad, la Guardia Civil ya avisaba que en 2004 ETA acordó recurrir a ANV para burlar la ilegalización de Batasuna. Todo ello quedó reflejado en negro sobre blanco tras la detención del cabecilla Mikel Antza. Mientras que para el juez Garzón no existían correlaciones entre la documentación incautada a Mikel Antza y la propia ANV, los informes policiales ya venían sosteniendo que tanto ANV como ABS actuaban como hoja de parra de ETA. Tal es así que las listas electorales presentadas por ANV para las elecciones autonómicas resultaron estar repletas de nombres vinculados al brazo político de ETA tras haber concurrido en elecciones anteriores en candidaturas de HB y EH, así como por terroristas de ETA que actualmente ven caer el Sol al otro lado de una reja por cumplir condenas en centros penitenciarios. Buscas en Roma a Roma... Y es que no vino de nuevas, pues ya en 1978 pasó ANV por el altar para ofrecer sus respetos a Herri Batasuna. Y así, como recentales rebañegos, han ido lanzándose sobre las distintas tetas nacionalistas y pro terroristas desde 1930.

Suma y sigue. Hace pocos días se produjo la detención de Pedro María Olano por un delito de colaboración con ETA y transporte de explosivos. Olano identificó desde un helicóptero de la Guardia Civil material explosivo y zulos utilizados por los corderitos etarras. Además, fue él mismo quien se encargó de hacer las veces de mozo de estoques de ETA entregándoles y escondiendo en un local del Ayuntamiento de Lizarza el lanzamisiles con el que pretendieron asesinar hasta tres veces a José María Aznar. Del orate de Olano decía la propia alcaldesa, Regina Otaola, que era un hombre de pocas luces. Bastante tonto, vamos. Con su detención quedó a relucir que es perfectamente compatible la política y el terror para muchos militantes de la izquierda abertzale; porque... adivina adivinanza ¿Quién figuró en las angelicales listas de ANV? Sí, el mismo pobre y bobo solemne de Olano.

Toda una astracanada la de este guerrero sin soldada que viene a la cola de las declaraciones de Rubalcaba el pasado 28 de Diciembre. Después de hacer sonar las trompetas del Arcángel de la Muerte anunciando un posible secuestro de consecuencias casi apocalípticas, declamó con ese donaire de oráculo chino que se había activado el nivel 2 del Plan de Prevención y Protección Antiterrorista, mientras la cúpula de la Policía hacía fonda en el camino y disfrutaba de sus merecidas vacaciones. Por no destacar que ése mismo nivel 2 es el que se activa año tras año por Navidad desde que la Hidra de ETA clava sus colmillos en nuestro país. Sin embargo, ni siquiera los escoltas tenían constancia de tal estado de ebullición, como se sustrae de las críticas realizadas por el Presidente de la Asociación Española de Escoltas.

Así, entre tanta alerta y tanta propaganda gratuita a los terroristas etarras –pues el fin del terrorismo no es otro que sembrar el terror– se produjo, al tiempo, uno de los numeritos más dantescos que se puedan recordar. Se trata de la huída de un terrorista que viajaba junto a su compañera en una furgoneta blanca cargada de explosivos y que fueran detenidos en un control rutinario de la Guardia Civil en Zamora. Lo bochornoso es que un arrapiezo fuera capaz de poner en jaque a una pareja de guardias civiles hasta el punto de robarles el coche casi por arte de birlibirloque. Y peor aún: circular como un dominguero canturreando una coplilla –posiblemente la jota de La Dolores: grande como el mismo Sol...– hasta recorrer más de cien kilómetros. Quizás en Estados Unidos lo hubieran frito a balazos de tal modo que ni el martirio de San Lorenzo pasado por la parrilla.

Sin embargo, han trascendido más las bravuconadas de gallo de corral de Rubalcaba respecto a hechos que no sucedieron –el secuestro/atentado, así como el famoso lanzamisiles que nunca mató a nadie– que los hechos que sí sucedieron –el asalto de un vehículo de la Guardia Civil–. Y es que, como escribía Arcadi Espada, es esta la inferioridad de lo real respecto a las fábulas.

Queda evidenciado que la historia se repite como un bucle maldito. Los terroristas pasan cómodamente por el aro de la inocencia como si de querubines se tratase aunque sus pestes los delaten como asesinos. Y cuando los cuerpos de seguridad tienen las supuestas órdenes de lanzarse a la carótida de los etarras, resulta que éstos se permiten hasta robar un coche patrulla a la Guardia Civil, como si de una pareja de guardas jurados del Opencort se tratara. Es de natura que, de puertas a fuera, los medios internacionales terminen desternillándose con el circo montado en esto que queda de España. Y es que, cuando la estupidez abofetea a la inteligencia, la inteligencia tiene derecho a portarse estúpidamente.

viernes, 8 de enero de 2010

VERDES LAS HAN SEGADO

Las leyes han sido redactadas con una caja de lápices de colores Manley de setenta y cinco piezas a lo mínimo. Un arcoíris que se extiende como una balsa de aceite multicolor tiñendo el ancho y largo de las páginas del Código Penal. Esa es, al parecer, la particular visión de la justicia por parte de los pelagatos verdes de Greenpeace y compañía, para quienes el peso de la Ley debe caer con la suavidad del algodón sobre sus cabezas esmeraldas. Todo es una cuestión de cromatismo. Pero resulta que, allá por las quimbambas, la justicia se toma la ley en serio y la aplica universalmente a tirios o troyanos, capuletos o montescos. Tanto monta. El delito es delito en sí.

Así las cosas, no es de extrañar que la justicia danesa obrara en consecuencia haciendo pasar por el ojo de la aguja al Director de Greenpeace España, López de Uralde, tras la bisoñería de colarse en una cena oficial y desplegar la típica pancarta. Y resulta que, como ocurre en el ajedrez, les han dado mate ahogado. Estos piratas acostumbrados a surcar los mares con patente de corso a bordo del Raimbow Warrior y alguna que otra zodiac con las que cuelgan sus pancartas sobre buques petroleros, han probado las hieles de la vida real. El mundo de yupi -¡quién lo diría!- es un redil vallado con estacas y alambres. Da igual que seas verde, rojo o amarillo. Salta la alambrada y el pastor te dará un buen trancazo. Así funciona la civilización. No así para el mártir verde, para quien los delitos ecológicos deben ser medidos con distinto rasero, pues llevan el germen de la benevolencia.

Mientras el embajador consideró que no hubo nada que objetar al trato dado a los cuatro ecologistas, el Ministro de Exteriores, Moratinos, hizo su labor de seráfica comadrona pidiendo que no los mezclaran con los presos comunes. Es, cuanto menos, paradójico que los abanderados de la igualdad exijan una mayor lenidad en la aplicación de las leyes y una comodidad casi burguesa en el cumplimiento de sus sanciones penales. ¿Mezclar a un ladrón con un ecologista? ¡Vamos, hombre! Por otro lado, tiene cierto chiste la perorata victimista de López de Uralde al decir que ha sido un preso político durante tres semanas o que ha sido tratado como un perro. Creíamos que para un revolucionario eso de ser preso político era casi una corona de laureles, un Honoris Causa en el currículum de cualquier disidente que se preste. Y lo de los perros… ¿No quedamos en que eran tan dignos como los seres humanos para los arrieros de Greenpeace? Ahora resulta que son animales de segunda. Cosas veredes, amigo Sancho...

Tras el tirón de orejas recibido en Dinamarca, ahora tocarán tardes de circo para los bufones verdes, quienes, hartos de pedir justicia, han tenido barra libre de la misma con todas las de la ley. Hora es de echar el ancla a tanta barrabasada y mostrar ese respeto que tanto exigen. Y es que, el que a hierro mata, no puede esperar morir a sombrerazos.

lunes, 28 de diciembre de 2009

EL CAZADOR CAZADO


Las postas aún humean y dejan ese denso manto de olor a pólvora que anuncia el alto en la cacería. Baste alzar la mirada para columbrar a lo lejos, con el culo al aire, al ex Director General de la Policía, García Hidalgo, con su nívea corona de pelo como añagaza y reclamo. Bajo un árbol se vislumbra el penacho de plumas del faisán Fernando Mariscal, Jefe de Seguridad del PSOE, con las manos en el cogote, sobresaltado y tembloroso tras la traca. Resguardado entre dos rocas se halla Telesforio Rubio, algo más impasible y pachorriento. A lo lejos escupen el reflejo del Sol los quevedos de Gómez Benítez, vocal del CGPJ, quien patalea como un animal asustado durante la tormenta. El miedo le delata. Los podencos se lanzan a matacaballo sobre las presas. Lejos de la carnaza como trofeo, el galardón áureo se halla semienterrado entre riscos y hendiduras de la tierra. Se deja ver el hacha y la serpiente.

Se trata del acta de ETA filtrado que pone a tender las humedades del mal llamado proceso de paz y el Caso Faisán. El documento redactado por la banda terrorista evidencia que Gómez Benítez, identificado por ETA como el interlocutor número 4, actuó como negociador del Gobierno, y fue él mismo quien dejó entrever a la banda terrorista que el chivatazo del Caso Faisán era la prueba de la voluntad de avanzar en el diálogo. Advierte el Simón Cirineo del proceso que por dar el aviso está encausado un alto policía de San Sebastián y casi el Jefe de Seguridad del PSOE. Palabras que llevan ese aroma a trufas tan apetecible para los cerdos de la ETA que buscan su alimento bajo la tierra.

El acta recoge además cómo el Gobierno perdonó el robo de 200 armas en el sur de Francia, advirtiendo que en caso de que se produjese otro se acabaría la negociación. Una negociación que, bajo la luz del halógeno de los hechos, parece más propia de una caterva de hampones reunidos en el sótano de la bodega que de un Gobierno democrático. Abortar una operación antiterrorista y perdonar un robo de armas que la banda usa para matar, es merecedor de ser apuntalado en el mejor de los guiones de cine.

Un guión en el que Jon Iurrebaso jugaba un papel de estrella. El terrorista detenido en Francia en 2007 y que resultara ser negociador entre el Gobierno y ETA, llevaba el número de teléfono del ex Director General de la Policía, García Hidalgo, correspondiente a una tarjeta prepago. Una suerte de puente flotante entre la Policía y la banda terrorista. Asesinos y cazadores de asesinos reunidos al arrimo y al abrigo de una hoguera cantando villancicos y canciones populares al más puro estilo Boy Scout.

Todo ello casa con las declaraciones del propietario del Bar Faisán, Joseba Elosúa, quien dijo en su momento que aquél que le avisó justificó que lo hacía para no fastidiar el proceso. Blanco y con cáscara. Todas las piezas encajan. Máxime cuando aparece en escena el edecán de Garzón, Gómez Benítez. Nada nuevo bajo el Sol. Nuevamente, los socialistas, como polillas que se arriman al fuego, tiran del hilo junto a los terroristas a fin de crear un ovillo de corruptelas y desmanes políticos con tal de seguir apoltronados. Quienes deben dar tijeretazo al terrorismo, juegan a la pídola con aquellos que han disparado a quemarropa contra sus propios compañeros de oficio. Hoy, como ayer, nos encontramos con esa caricatura del cazador cazado. Y lo que queda por ver...

lunes, 14 de diciembre de 2009

SIEMPRE SON LOS MISMOS

Como un boxeador sonado y con la mirada perdida entre la muchedumbre al otro lado del cristal blindado, aparece inmortalizado en las portadas de los diarios mundiales Silvio Berlusconi. Noqueado además. Sin embargo, lo más probable es que, al margen de los piños perdidos y el tabique nasal hecho ciscos, sea su insaciable ego lo más dañado de todo. El Hugo Chávez europeo, tan baladrón, tan arlequín de salones, tan sinvergüenza y –ante todo- tan megalómano, debe sentirse como el niño malo del colegio que amedrenta a los indefensos hasta que se orina en los calzones cuando el primo de Zumosol aparece en escena para darle un buen rapapolvo. Siembra vientos... El hombre que se ufana de tener dos pelotas bien puestas mientras tan cobardemente viola la Justicia con premeditación, alevosía, ensañamiento y tantos otros agravantes como queramos, probando el sabor de la calle. Por sus papilas gustativas se deslizarían anoche una mezcla de regustos amargos, tales como el miedo; agrios como la soledad de saberse abandonado en el asiento trasero de una limusina con la boca bañada en escarlata; y, cómo no, metálico. Ese frío sabor férrico de la sangre que, como los efluvios de una borrachera, eleva el vértigo.

Las imágenes, lejos de la mezquindad y la vileza que representan en sí, tienen ese punto de justicia poética. El alguacil alguacilado. Un puzle de asombro, rabia, impotencia y unas pocas piezas de simpatía. Y es que ver al héroe caído del caballo después de un festín de cabezas cortadas siempre saca, de tapadillo, una leve pero sincera risa de conejo. Hay tanta metáfora en la chafarrinada de Berlusconi como libres interpretaciones. Obvio es que le han plantado las herraduras a martilladas a un hombre que, con ese donaire de resuelto, se ha encargado de viciar y hacer tambalear los pilares de la Democracia en un burdo conato de Marco Aurelio, versión goyesca. Sin embargo, el problema de fondo radica en el hecho vital de que, en Democracia, la voluntad de los ciudadanos no se representa a garrotazos sino en las urnas. Y es ahí donde arrasa Il Cavaliere. No vamos a entrar a juzgar la larga tradición dirigista y reglamentarista de Italia –con su pan se lo coman–; pero sí es obligado pararse a contemplar una serie de matices. Basta con pensar qué sería de la prensa nacional, en particular, y la mundial, en general, si cualquier votante de la derecha lanzara una Catedral de la Almudena en miniatura a la boca de Zapatero con idénticas consecuencias. A lo menos, España sería un país de Camisas Azules. Sólo hay que recordar la agresión a Bono. Y, por el otro lado, baste recordar el intento de agresión a María San Gil en la Universidad de Santiago de Compostela por miembros de AGIR –grupo filoterrorista hermanado con Ikasle Abertzaleak–; el ataque a Nerea Alzola cuando pegaba carteles del PP en las calles de Bilbao; el intento de agresión a Dolors Nadal en la Universidad Pompeu Fabra; las agresiones a Piqué y Ángel Acebes en Martorell; por no hablar del intento de asesinato con coche bomba a José María Aznar o el disparo en la pierna por los pistoleros de Terra LLiure a Jiménez Losantos. Y más de lo mismo al otro lado del charco. ¿O no fue para la progresía miel sobre hojuelas contemplar el zapatazo a Bush por parte de un periodista iraquí? La violencia, cuando va dirigida contra personas de ideas contrapuestas con el pensamiento único de la izquierda, parece ir recubierta por un halo de mérito aceptado por el común del hombre-masa, que propugnara Ortega en La rebelión de las masas. Sin embargo, en el caso contrario, sería cruzar las puertas del mismísimo Averno. Efectivamente: las cuentas no salen. Tan deleznable es una como la otra.

Así, de igual nos viene el caso Tertsch. Lejos de culpar directamente a Wyoming –Redacción va por un lado y el presentador por otro– sí lo hace connivente, pues no viene de nuevo esa demonización de la derecha ¿Cabe imaginar idéntica agresión contra Iñaki Gabilondo después de que, por ejemplo, Pío Moa hiciera un montaje de la misma ralea que el emitido en El Intermedio? Más vale cruzar los dedos, pues pequeña sería la granizada… Existe pues una suerte de Tribunal de los Tumultos cómodamente instaurado en el inconsciente colectivo no sólo del rojerío, sino incluso a niveles más generales y apolíticos.

Que Berlusconi representa el golferío más fachendoso y ramplón de la política mundial de sobra es sabido. No es Santo de mi devoción para defender su gestión ni, mucho menos, su chabacanería de verdulera; pero resulta curioso que, actos tan nefandarios como los de ayer, siempre caen por el mismo lado del derrocadero. Será que ser político y de derechas es deporte de riesgo. Siempre son los mismos...

miércoles, 2 de diciembre de 2009

UNA DE PERALVILLO


Varias noches encerrado como una rata de laboratorio en un zulo de dos metros cuadrados. Pan y agua. Lejos del castigo y el escarnio que supone estar aislado del mundo a la fuerza, quema la conciencia como un hierro caliente el saberse inocente y hallarse, al mismo tiempo, golpeando las aldabas de prisión. Cuarenta años posiblemente. Al quinto día, llega su Viernes de Crucifixión. Los sayones de la Guardia Civil de Playa de las Arenas suben a Diego Pastrana a dependencias oficiales. Tras sentarlo frente a un ordenador, una a una, como las martilladas que golpean los clavos de la cruz, van pasando las fotos de su hijastra Aitana. No se trata de las clásicas fotografías utilizadas en los ardites psicológicos de la Policía y Guardia Civil para presionar hasta el derrumbe al acusado y conseguir así la miel de la confesión. En este caso van más allá. Pasa por el monitor lenta y parsimoniosamente, como un cortejo macabro, la secuencia de fotos de la niña muerta y desfigurada tras la autopsia. Más al fondo se hunden los clavos de su agonía conforme los agentes disparan sus lombardas acusatorias. Uno de ellos le espeta:«¡Asesino, te vas a pudrir! ¡Mírala, cabrón! ¡Mira lo que has hecho con la niña!».

Al poco, abandona el patíbulo con los pies en vertical. Y los clavos en el corazón. Dejan a Diego en libertad sin cargos, previa sevicia. Pero su segunda estación de paso es un Hospital para recibir tratamiento psicológico. Es un escombro humano. Días antes ponía de igual sus pies sobre el Hospital, ésta vez acompañando a Aitana. Miento, pues ni siquiera le dejaron entrar en la consulta con la pequeña, como mandan los cánones en cuestiones de menores. Tras el accidente en el tobogán del que se cayó y golpeó en la cabeza Aitana, Diego la llevó a Urgencias, donde le recetaron Dalsy y le dijeron que al poco tiempo la niña volvería a estar corriendo. Es ya en casa cuando se le acrecientan los dolores de cabeza a su hijastra y se produce un desmayo. Ante el miedo, la vuelve a llevar al médico. Es éste segundo médico quien impide entrar a Diego en la consulta. De ahí sale el informe que habla de desgarro vaginal, anal, quemaduras, hematomas en el pecho...

Mientras, los vientos del odio arrecian en la calle. La Agencia EFE mueve los hilos que llevan el informe médico al resto de medios de comunicación. Como cerdos en torno al dornajo, periódicos y telediarios degluten sin masticar toda la información. No sólo los medios vulneran la presunción de inocencia de Diego Pastrana, sino la misma Guardia Civil que sostiene el informe médico como hecho probatorio. Arrojan su presunción de inocencia a una manada de lobos ansiosos de morbo y lapidaciones mediáticas. Como escribía Arcadi Espada hace dos días, el cien por cien de los españoles escupiría un ¡qué cara de hijo de puta! viendo al muchacho en las páginas de prensa y telediarios, esposado como un delincuente de opípara trayectoria.

El aquelarre generalizado, propio de la Noche de Walpurgis en el Monte Blocksberg tan bien retratada en el Fausto, se hace comunión. Hasta que, de repente, como por ensalmo, el reloj se detiene y la sangre se bate en retirada. El informe del forense retumba como un toque de campana. La autopsia confirma que todos los daños fueron causados por la caída. También indica que no había agresión en las partes íntimas; que las quemaduras eran fruto de una reacción alérgica a la crema; que los moratones venían de los primeros auxilios realizados... Y Domingo de Resurrección. Sólo para Diego, claro.

Los medios de comunicación –cuando no hacen mutis– comienzan a recular. Les han cogido con el garrote en el potro de torturas. Después de dejarse arrastrar por las bajas pasiones tan montarazmente, buscan culpables. Por encima de ellos están los médicos que, bajo un baño de prejuicios y corrección política, condujeron a Diego Pastrana al paredón. Y es que, sólo el hecho de no dejar entrar en la consulta a quien por entonces era padrastro de Aitana, está recubierto por un denso y caliginoso manto de oscuridad, prejuicios y valores transmutados. El médico, tan ansioso de dar cobertura a un caso de maltrato y abuso de menores, y sobrevenido por lo que tiene ante sus ojos, cubre el peaje a la Guardia Civil para que sigan a toda velocidad por un carril unidireccional. Es el carril que sólo una mente ebria de prejuicios puede otorgarle a un joven padrastro que acompaña a su hijastra lesionada en un accidente, saltándose con ello la propia deontología médica. Ocurre, sin embargo, que la espada corta en ambos sentidos. Por querer hacer el bien, se hace el mal. Y qué mal. Por la mala praxis de un medicucho del tres al cuarto, no sólo se impide salvar una vida, sino que se tortura a un inocente.

“La justicia de Peralvillo, que después de asaetado el hombre le formaban proceso”, reza el dicho popular. Y es que en Peralvillo, el Tribunal de la Santa Hermandad ejecutaba al presunto delincuente y después iniciaba las pesquisas pertinentes. La casa por el tejado. Ocurría pues que, muchos de los asaetados, eran inocentes. De esta guisa, Diego Pastrana, asaetado psicológicamente hasta la zangarriana más oscura, resulta ser inocente. Cabe preguntarse si este estado de clorosis moral en el que se han visto inmersos médicos y periodistas no es más que el reflejo, el pulso interno de una sociedad enferma que, ante el más mínimo indicio de vulneración de los mandamientos de la corrección política, se levanta en armas dispuesta a violar los derechos elementales de todo ser humano. Cortarle la cabeza a la presunción de inocencia es tanto como retroceder en el tiempo hasta el S.XV. Médicos, periodistas y Guardia Civil, han tirado del carro de la ignominia y, aún más, del ridículo. Queda por ver ahora el camino que seguirá la Justicia, pues, la purga debería empezar por ese médico que, lejos de volver a poder ejercer, debería resarcir las heridas de Diego Pastrana. En Estados Unidos la compensación no bajaría del valor del Hospital mismo. Aquí, tan corporativistas, tan públicos, los disparos justicieros irán por otro lado. Por no hablar de la Guardia Civil, realizando torturas psicológicas a las puertas de 2010. Y es que, como confesara Diego Pastrana, preferiría mantener el recuerdo de Aitana corriendo por el parque y no muerta y deformada, como le obligó la GC a contemplar.

Y los medios… En fin, los medios:

http://www.youtube.com/watch?v=GAvYVVUf5pU&feature=player_embedded