lunes, 16 de agosto de 2010

DOPAJE: ¿LEGALIZACIÓN Y LIBERTAD? (II)


El pensador danés Soren Kierkegaard recurrió en su obra Temor y temblor a la figura arquetípica de Abraham, quien hallándose en el ocaso de sus días junto a su anciana esposa imploraba a Dios que le concediera una descendencia. Al tiempo, llegaría el pequeño Isaac como llega el salmón a la montaña: a contracorriente. Sin embargo, el mismo Dios que permitió con su Gracia el alumbramiento de un hijo a la abuelita estéril, obligaría a Abraham a matar a Isaac como muestra de Fe. Se batían así a lanzadas en el corazón de Abraham la Ética y la Fe. ¿Asesinato o sacrificio?

Convertido el Movimiento Olímpico en Deidad de nuevo cuño, se lanzan de igual los distintos miembros del COI al gollete del dopaje como ángeles custodios de una Fe intocable. Una nueva modalidad de fideísmo transmutado. La Razón queda a años luz de nuestros pies. Pura pasión ciega. Según el Comité Olímpico Internacional, se establecen tres dogmas de Fe que hay que seguir a pies juntillas y con esparadrapo en la boca, y por los cuales el dopaje es la Bestia a batir. A saber: daña la ética del deporte; es perjudicial para la salud del deportista; y menoscaba el principio de igualdad de oportunidades. Todo muy dulce y paternal; pero ¿vulnera de verdad el dopaje los tres preceptos del COI o son ellos quienes se encargan de menoscabar la integridad del deporte con su hipocresía? ¿Prima la Ética o la Fe ciega?

Que el dopaje daña la ética del deporte es difícil de aseverar, pues desde sus orígenes han caminado de la mano. Ya en el Siglo III a.C los griegos recurrían a extractos de plantas en pociones, así como distintos mejunjes con los que recubrían sus cuerpos. Los precolombinos, por su parte, masticaban hojas de coca y estricnina, mientras que los nórdicos eran fieles a los hongos alucinógenos. Desde entonces y hasta nuestros días, los distintos deportistas han recurrido a todo tipo de sustancias y artificios que le ayuden a conseguir la corona de laureles. Pero todo ello va, según el COI, contra el espíritu olímpico. El filósofo Paul Singer, en un artículo publicado en la revista El Tiempo, defendía que el deporte no tiene sólo un espíritu, pues «las personas hacen deportes para socializar, para mantenerse en forma, para ganar dinero, para hacerse famosa, para evitar el aburrimiento, para encontrar el amor o por pura diversión». Es por ello que quienes hacen del deporte su forma de vida debieran poder elegir cualquiera de las vías posibles en base a su voluntad y libertad, marcando así una línea que separara el romanticismo del deporte amateur del arriscado campo de batalla profesional donde se juega la Gloria. Asimismo, recurría Paul Singer en su artículo al Profesor de Bioética Julian Savulescu, que dirige el Centro Uehiro de Ética Práctica de la Universidad de Oxford, quien aboga por legalizar el dopaje siempre que no perjudique la salud del atleta. Terreno espinoso, no obstante, pues el deporte es perjudicial en sí mismo, como se verá más adelante. En idénticos términos se expresó hace años Samaranch, quien declamara que no debería prohibirse el dopaje cuando mejorara el rendimiento deportivo, sino cuando éste pusiera en peligro la salud del deportista. En este orden de cosas y con el aceita caliente en la sartén, disponerse a hacer la tortilla sin cascar los huevos se antoja harto complicado.

De acuerdo al propio COI, dopaje es «la utilización de un artífice (sustancia o método) potencialmente peligroso para la salud de los atletas y/o capaz de mejorar los resultados, o la presencia en el organismo del atleta de una sustancia o la prueba de la aplicación de un método que figure sobre una lista adjunta al Código Antidopaje del Movimiento Olímpico». De esta manera, casi que parece arbitrario que el COI prohíba las inyecciones de eritropoyetina y en cambio permita el entrenamiento a gran altura. Podrá argüirse con gesto circunflejo: ¡es que el uno es artificial y el otro es natural! Y en ese preciso instante se abriría el telón dejando entrever al fondo una enorme cámara hipóxica. ¿Por qué razón se les permite a los atletas dormir con sus mascarillas en la boca limitando la concentración de oxígeno del aire cuando el fin no es otro que el de aumentar artificialmente la producción de la EPO? ¿No raya la obscenidad semejante contradicción? La definición del COI remarca con trazo grueso las palabras sustancias y métodos; pero en la práctica parece perseguir sólo la sustancia. ¿Por qué esa obsesión con los compuestos químicos? ¿Todo lo natural es beneficioso y todo lo químico es dañino? Como escribiera Henry Miller, médico, biólogo e investigador de la Universidad de Standford, resulta tramposo y pueril semejante juego de buenos y malos cuando todas las cosas, tanto naturales como sintéticas, se componen de productos químicos, incluyendo nuestro propio cuerpo. En la dosis está el veneno. Yendo más lejos, existen multitud de productos naturales en los que, aun teniendo los mismos efectos que los sintéticos, son desconocidos sus riesgos para la salud dada la ausencia de investigaciones científicas serias. Es por ello que en Estados Unidos la FDA –Administración de Alimentos y Drogas– esté tratando de remover ciertos productos que, como en el caso de la efedrina, se cuelan en el mercado por el ojo de la aguja gracias a que son puestos a la venta como productos dietéticos aun sin tener valores nutricionales, por la sencilla razón de que los controles son mucho más permisibles y laxos en ese terreno.

Así, siguiendo con la efedrina –estimulante de moda en el deporte–, en los Estados Unidos y resto del mundo se ha colado en el mercado nutricional como añadido del «ma huang, Chinese ephedra, ma huang extract, ephedra, ephedrine alkaloids, ephedra sinica, ephedra extract, ephedra herb powder, epitonin o ephedrine». Sin embargo, el COI advierte que todos ellos pueden provocar por igual un positivo en un control antidopaje al tiempo que desfilan por el mercado como productos totalmente inocuos. De hecho, en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles un deportista japonés dio positivo al ingerir una infusión de efedra o ma huang y ginseng. Según los reportes hechos a la FDA, sólo en dos años diez personas murieron a causa de la efedrina en sus distintas variantes, diecisiete acabaron con lesiones permanentes, diez con hemiplejía… Todo ello gracias a ese mercado abierto e incontrolado por el que se cuelan los productos naturales como si de algodón de azúcar se tratara, especialmente a través de internet. ¿Por qué no exigirles los mismos controles que a los productos sintéticos? ¿No sería conveniente cerrar o abrir el círculo por igual? O mejor aún: ¿no sería más lógico implementar unos programas de dopaje asistido por médicos que conocieran los efectos tanto positivos como negativos de la sustancia y en base a ellos el deportista eligiera de acuerdo a su libertad? Dado que los contramaestres del COI luchan con gran brío contra el dopaje en defensa de la salud del deportista, sería conveniente dar un paso al frente y cruzar el Rubicón con todas sus consecuencias a fin de acabar con la clandestinidad y los mercados negros.

Sin embargo, la Tramoya del COI tiene mucho que ver con el trilero que engaña a ajenos mientras guiña el ojo a su compinche de trampas particular para que se arrime algún valiente y doble así la apuesta. Palmadas en la espalda entre ellos mismos y las agencias antidopaje, mientras se dan un baño de contrariedades hirientes. Azotainas a diestro y siniestro, capuletos y montescos; pero ¿quién mira por la integridad del boxeador sonado? ¿Acaso no deja este deporte graves secuelas físicas y psicológicas en quienes lo practican? ¿Y todos esos alpinistas que se quedan en muñones después de ver cómo se congelan sus dedos? ¿Y el descenso de glóbulos blancos por debajo del mínimo que sufren muchos buceadores debido a la mezcla que respiran? A falta de razonamientos serios, que prime la farfolla y el desvarío. El filósofo Claudio Tamburrini, del Centro de Bioética de Estocolmo, dijo que el deporte dejó de ser salud hace tiempo. Y es que además de los boxeadores que terminan como granos de trigo pasados por la rueca, hay que considerar las muchas lesiones que sufren los atletas al retirarse, como en el caso de Carl Lewis, quien padece una artritis de tres pares de narices debido al exceso de entrenamiento que soportó durante años. Y no es el único. Yendo más lejos aún, se encuentran los problemas psicológicos. Según los estudios de Ricardo de la Vega y Francisco García Ucha, «los deportistas retirados muestran que las reacciones emocionales pueden ser muy diversas al proceso de inserción en la vida cotidiana. Ocurren reacciones de ansiedad, depresión y hasta síntomas psicosomáticos. Es decir, aparecen enfermedades orgánicas, metabólicas o funcionales que afectan al ex deportista». ¿Interviene el COI en la libertad individual de ese deportista que asume el riesgo que implica para su salud la alta competición y el exceso de entrenamiento? ¿Obstaculiza el ascenso al alpinista que pone su vida al límite al ascender hasta los seis mil metros de altura? Todos actúan en base a su propia libertad, sacrificando una cota de su salud por el inmediatismo de los records y la gloria. Dado el afán policiaco del COI y la preocupación por la salud de sus querubines, podría crear una Brigada de Control del Entrenamiento y la Competición –sintagmas que tanto gustan a los burócratas– en beneficio de una salud homogeneizada y…¡adiós, cordera! ¿Absurdo, verdad? Pues así de absurdo es el hecho de preocuparse por la salud de un deportista que recurre a sustancias prohibidas más de lo que él mismo llega a preocuparse. Liberticidio sin más.

Por otro lado, olvidan los mandamases del COI que la espada corta en ambos sentidos. Acotar la libertad individual, aún persiguiendo un supuesto beneficio, puede tener el efecto contrario al deseado. En el terreno del dopaje se perfila poco a poco un futuro aún más difícil. Y es que cuando se cierra una puerta se abre una ventana: el dopaje genético. Término que, por otra parte, ya ha sido definido por la propia Agencia Mundial Antidopaje como «el uso terapéutico de genes, material genético y/o células que tienen la capacidad de aumentar el rendimiento deportivo». En el caso de la EPO recombinante, al tratarse de una sustancia semisintética, puede ser detectable en los controles antidopaje rutinarios. ¿Pero qué ocurre cuando se traslada al dopaje genético? En ese caso, «se inserta el gen de la EPO en el músculo junto con un switch genético que lo activa cuando los niveles de oxígeno muscular son bajos, lo que lleva a un aumento endógeno de la EPO indetectable por los métodos de control normales» Aviso a navegantes. Tanto es así que hace tres años un entrenador alemán, Thomas Springstein, fue arrestado después de intentar adquirir Repoxygen. Según los laboratorios británicos Oxford BioMedica –quienes trabajan en el desarrollo del producto–, se han superado las fases preclínicas y se hallan ya trabajando en la fase clínica. El Repoxygen es un virus que opera como transporte del gen de la EPO y un controlador de los niveles de oxígeno. En el momento que se produce una escasez de oxígeno, el Repoxygen activa el gen de EPO inyectado y comienza a producir una legión de glóbulos rojos. Se consigue así la cuadratura del círculo. El COI y la AMA, en busca de la entelequia y el mundo ideal de Hansel y Gretel en base a la Fe ciega, consiguen que laboratorios y deportistas abran todas las ventanas de la casa olímpica cansados de llamar a la puerta. Y por ahí se colarán. Se cuenta que en los albores de la EPO llegó ésta al mundo del deporte a través del mercado negro antes que a los hospitales. Sirva de precedente.

Y es que por querer hacer el bien terminan redoblando el mal. La supuesta igualdad de oportunidades que enarbolan se ve desmochada gracias a sus malabarismos hipócritas. Lejos de aceptar que la igualdad de condiciones y oportunidades quedan a años luz del deporte por puras arbitrariedades de la Madre Naturaleza, optan por engordarlas. Ya dijimos que las condiciones biológicas de un corredor de fondo de Etiopía no son las mismas que las de un madrileño; pero podemos tirar del hilo cuanto queramos hasta encontrar desigualdades. Según un estudio de la Universidad de Howard, los records mundiales de velocidad tienen sus derechos de autoría mayormente en manos de atletas negros debido a que «tienden a tener miembros más largos con menos circunferencia, lo que aumenta la altura de sus centros de gravedad, mientras que los asiáticos y blancos tienden a tener torsos más grandes, por lo que su centro de gravedad es más bajo» Y no solamente las encontramos en beneficio de los velocistas. De acuerdo a los trabajos realizados por la Unidad del Ejercicio de la Universidad de Ciudad del Cabo, los corredores de fondo africanos poseen «una mayor actividad enzimática oxidativa a nivel muscular, un retraso en acumular lactatos en sangre y una mayor capacidad para prolongar la fase final del esfuerzo antes de alcanzar la fatiga» Son todas ellas las desigualdades que ayudan a rebajar esas centésimas que diferencian al velocista de élite del mediocre o al fondista keniata del esloveno. Paul Singer lo llamó la lotería de la genética.

Es por ello que resulte ridículo que el COI se empeñe en perseguir las desigualdades a fin de sembrar un bosque en el que ningún árbol destaque por encima de otro cuando el deporte encierra de por sí desigualdades en cuanto a condiciones, posibilidades, resultados y, además, medios. ¿O es que no repara el organismo internacional –o Casa Cuna Olímpica– que los medios de que disponen los atletas estadounidenses no son los mismos que aquellos que tienen a su alcance los namibios? Y no sólo en cuanto a equipamiento y materiales, sino también en centros de alto rendimiento, equipos de investigación, avances médicos, etc. Con estas cartas sobre la mesa, ¿por qué razón el COI habría de negarme la posibilidad de conseguir químicamente las mejoras que el Señor Azar no me ha otorgado? ¿Acaso no soy único y exclusivo poseedor de mi cuerpo? Las desigualdades no lo son exclusivamente por exceso, sino también por de-fec-to. Es por esta razón por la que la lucha no debiera centrarse sólo a pie de pista, en centros de alto rendimiento o desarrollando nuevos materiales, sino que el deportista debería tener pleno derecho con todas las de la ley a que, en base a su propia libertad, determinado laboratorio le ayudara a suplir los agujeros negros de su arquitectura fisiológica y genética. Quizás Marion Jones no necesitara el THG para ganar de igual que Lance Armstrong no tuviera que haber recurrido a la EPO para conseguir los siete Tours de Francia. El bueno de Lance quedó cuarto con doce años en una prueba de natación de 1500 metros donde se enfrentaba a competidores de todo Texas, mientras que Jones tenía su marca entre las veinte más destacadas del mundo con quince años. En el caso de Lance Armstrong, los médicos Ger Bongaerts y Theo Wagener ya escribieron en la revista Medical Hypotheses un artículo titulado: Gluconeogénesis hepática incrementada: el secreto del éxito de Lance Armstrong. Según los médicos «se trata de la capacidad del hígado de sintetizar la glucosa y así obtener energía para la acción muscular. Y, más importante en este caso, también la de remover el ácido láctico (producido por el trabajo muscular y responsable del dolor y el cansancio, además de los calambres) y convertirlo precisamente en glucosa. Ésta es la clave interna, metabólica, del éxito de Armstrong, ya que al remover el ácido láctico no sólo evitaba sentir el cansancio sino que también obtenía una energía extra para sus esfuerzos» ¿Lotería genética? Es bastante probable.

Hace pocos días publicaba Moisés Naím un artículo de prensa titulado La necrofilia de las ideas. Criticaba así el amor ciego por las ideas muertas, la pasión desbordada hacia las causas perdidas. Sea quizás esa misma necrofilia de las ideas la que invada a los prebostes del COI en su lucha por una batalla perdida ya en sus orígenes. Pero en esas seguirán: coleccionando cadáveres con rigor de taxidermistas en beneficio de su propia Guerra Santa contra el dopaje mientras que en su Santa Sede crecen los casos de corrupción como hongos después de la lluvia. Y es que, como concluyera el propio Naím, «el amor es ciego y el amor por ideologías que además ayudan a mantenerse en el poder no es solo ciego, sino también muy conveniente»

sábado, 7 de agosto de 2010

DOPAJE: ¿LEGALIZACIÓN Y LIBERTAD?



Todos hemos tenido en nuestra infancia y primera juventud un ayer que quiso ser mañana, un pasado a medio camino entre el quiero y el no puedo. Una epopeya inconclusa. Un Ulises braceando por alcanzar una Ítaca que no llega. Pertenezco a una generación de héroes caídos. Miles de manzanas podridas se consumen alrededor. Un auténtico cementerio de elefantes. Entre todas esas historias, quizá fuera la de Marion Jones la que más pústulas en el alma levantara. Lo tuvo todo. Una juventud procaz, un carisma deslumbrante, un futuro dolorosamente prometedor, un paso firme y, en virtud y beneficio mediático, una belleza de insobornable sencillez. Todo un rosario de grandezas. Y así, como la paloma mensajera levanta primero el vuelo para después dirigirse a su destino, fue alzándose sobre sí misma hasta volar de hectómetro en hectómetro rumbo a la Gloria.

Con tan sólo quince años, mientras millones de jóvenes peleaban por competir en algún circuito nacional, obtuvo una marca que la situó entre las veinte más destacadas del mundo. Como murallas de Jericó cayendo al toque de las trompetas, Marion Jones veía cómo las paredes de acero del cronómetro iban sucumbiendo a su paso por arte de birlibirloque. Atenas, Sevilla, Sídney, Edmonton. Verla llorar de alegría subida al podio con su medalla al cuello mientras sonaba un imponente himno de los Estados Unidos que a todos nos hacía norteamericanos por unos segundos, sin duda helaba el aliento; pero más aún nos hacía caer de hinojos ante quien iba dibujando sobre el tartán la silueta de una Leyenda viva. Nadie en tantos años silenció de esa manera un estadio de cuarenta mil almas con su sola presencia. Nadie acaparó tantos flashes sobre los tacos de salida. Nadie congeló la sangre durante poco más de diez segundos como ella lo hizo. Y nadie cruzó la línea de meta con una sonrisa como la suya redimiendo de la derrota a sus adversarias. Una sonrisa que a partir de 2003 se convertiría en estertor de muerte.

Fue su entrenador Trevor Graham quien envió una jeringuilla con un esteroide hasta entonces desconocido a la Agencia Antidopaje de los Estados Unidos. Al tiempo se supo que se trataba de una droga de diseño bautizada como THG, sintetizada específicamente para no ser detectada en los controles antidopaje. Poco tiempo antes había caído su marido, el lanzador de peso C.J. Hunter, esa mole bóvida y chulesca que ninguna madre de bien querría para su vestal. Pero la Reina del Ébano empezó a levantar sospechas tras el escándalo de su esposo. Meses después se divorciaría para dar paso a una nueva relación con el velocista Tim Montgomery. Sin embargo, poco a poco se iban perfilando las sombras de un Averno que condenaría a Jones a sufrir su particular castigo de Sísifo. El escándalo de los laboratorios BALCO tomaba forma. Víctor Conte, el Sumo Hacedor de la trampa, declamó en un programa de televisión lo que ya era un secreto a voces: Marion Jones estaba en la lista negra de deportistas que habían consumido THG. De esta manera, la otrora Diosa de la velocidad cambiaba el salmón de las pistas por el gris del Dédalo de los correveidile. Un laberinto en el que los dardos furtivos le caían desde los cuatro puntos cardinales. Así las cosas, no tuvo más remedio que coger con sus manos la maza para destruir ella misma su propia efigie dorada. A finales de 2007 entonó públicamente el Mea Culpa. Las cinco medallas obtenidas en los Juegos Olímpicos de Sídney ya sólo las contemplaría en las instantáneas que colgaban de las paredes de su salón. Pero aún quedaba lo peor.

Al tiempo que moría el invierno del año 2007, se colaba por sus entrañas y su corazón la tristeza de un otoño más marengo que nunca. Fue condenada a seis meses de prisión y dos años en libertad condicional, cambiando las eternas horas de entrenamiento por 800 horas de servicio a la comunidad. «Les pido que tengan compasión como ser humano que soy», dijo entre lágrimas a las puertas de la Corte en un paroxismo de impotencia. De nada sirvió. Tomaba así santa sepultura una Leyenda.

A su alrededor, otros tantos gladiadores eran pasados por la horca: su marido Tim Montgomery, Antonio Pettigrew, Gatlin, Jerome Young y Alvin Harrison, todos ellos alumnos aventajados de Trevor Graham. Pero el mismo tsunami sacudía el equipo HSI liderado por John Smith, quien entrenara a glorias del nivel de Mo Greene y Ato Boldon. Mientras que algunas estrellas se retiraban a tiempo huyendo así de la peste, otros tantos quintacolumnistas del HSI como Torri Edwards, Larry Wade, Kelly White o Christie Gaines eran asaetados públicamente cumpliendo condena. Es, toda ella, la pavesa, los rescoldos aún humeantes de una generación perdida. Yo la vi crecer. Yo la vi morir. Con ella se iba el atletismo.

Pero no todo queda en California ni termina en las pistas de atletismo. La Historia del deporte rezuma casos idénticos en distinto espacio y tiempo. Linford Christie, Marco Pantani, Dwain Chambers, Martina Hingis, Ben Johnson, Johann Mühlegg, Paquillo, Alberto García y una ristra interminable de condenados que encuentra actualmente la anilla de metal en la figura de Lance Armstrong. Cualquiera podría decir con datos en la mano que, toda la élite olímpica, tarde o temprano, termina estando a la sombra de una más que justificada sospecha. El COI, algo así como la ONU del deporte y, por tanto, políticamente correcto hasta la saciedad, se lanza a la yugular del dopaje con la noble intención de barrer de la alfombra roja a todo aquel que tropiece con los cardos del dopaje. La principal razón que esgrimen es sus manidas letanías se halla en la base de los benjamines. Esas inocentes criaturas miméticas que siguen con fervor religioso y pasión de monaguillo a todos esos héroes que corren más rápido, saltan más alto o golpean más fuerte. Unas idolatrías que terminan desmoronándose como tótems devorados por las termitas. Así las cosas, el desencanto es la metafísica de quienes beben de la élite del deporte. Jóvenes y mayores.

Pero la hipocresía que empaña al COI y a todos los burócratas del deporte raya la vergüenza. La comodidad de esquivar el problema en lugar de agarrarlo por los cuernos. Lo primero que debe hacer el heroinómano que quiera abandonar su adicción es reconocer el problema. De igual deberían reconocer los organismos implicados el problema del dopaje no como algo aislado de unos pocos tramposos, sino como algo más homogéneo. Como quien ahuyenta tábanos, se sacuden los casos de dopaje que manchan la imagen del deporte de alta competición al arrimo de grandes mafias y deportistas que, aun conscientes de jugar al ratón y al gato, asumen dicho peligro a cambio de la Gloria. Es más, de salirles bien la jugada, muy probablemente vivan hasta el fin de sus días bañados en oropeles gracias a contratos con marcas deportivas, publicidad, programas de televisión, coloquios y todo un hontanar de recursos que pueden garantizar una vida de lo más fastuosa. ¿Quién no quiere morder semejante fruto prohibido? Y peor aún: ¿Anula el sacrificio y trabajo realizado desde niños por estos deportistas el mero hecho de ser descubiertos en un control antidopaje? ¿Es realmente una mentira hacia los demás o hacia ellos mismos al no poder hacer de cara al sol y con plenas garantías lo que desean? Distinta suerte corrieron los deportistas de la antigua Unión Soviética y Alemania Oriental. Alrededor de 10.000 deportistas fueron sometidos a un programa de dopaje institucionalizado mediante el cual eran obligados a doparse con esteroides en cantidades que triplicaron las de Ben Johnson. Caído el muro de Berlín, muchos de estos deportistas gozaron de una libertad que les era ajena por entonces para denunciar las prácticas llevadas a cabo por el Estado a fin de conseguir hacer sombra a los Estados Unidos en su lucha por demostrar la supuesta superioridad del modelo comunista. Muchos de esos deportistas llegaron a pedir que sus records mundiales fuesen anulados, como es el caso de Inés Geipel. Otras, como Heidi Krieger, pagaron un precio más alto. Hoy día se llama Andreas Kriegel debido a la cantidad de hormonas masculinas que le hicieron ingerir sin tener constancia de ello. Igual suerte corrió la Unión Soviética y posterior Rusia, quien desde entonces sigue despeñándose en cada una de las citas olímpicas en las que tiene presencia. Los rusos no saben lo que es liderar un medallero olímpico desde entonces. Es más, siguen perdiendo medallas Olimpiada tras Olimpiada, hasta el extremo de haber perdido nada más y nada menos que 20 medallas en Pekín respecto a la actuación de Atenas. Y con el dopaje en ciernes.

Un dopaje politizado y obligado el que sufrieron estos pobres corderos muesos al servicio del Gobierno que nada tiene que ver con el dopaje llevado a cabo por los atletas norteamericanos –por ejemplo– que actúan en base a su propia libertad individual. Un dopaje que, a fin de cuenta, existe sea cual sea su opción. Y, ante todo, un dopaje que está mucho más presente de lo que las cámaras terminan señalando. En este caso, el ladrón –o sea: el laboratorio– va un paso por delante de la policía –agencias antidopaje–. Muy posiblemente, los primeros pasen por la puerta de comisaría sin levantar la más mínima sospecha. Así las cosas, ¿cuál es la línea que separa el dopaje oscuro y ese otro dopaje que practican todos los deportistas a base de potenciadores de todo tipo que, a veces con el tiempo, terminan entrando en futuras listas de sustancias prohibidas? ¿Acaso no recurren todos los deportistas a ardites más o menos elaborados? ¿Anula eso el trabajo realizado a pie de pista hasta la extenuación? Todo deportista ingiere sustancias que mejoran su rendimiento y capacidad de asimilar el entrenamiento, sean sustancias químicas –legales o no– o esas otras mal llamadas naturales. ¿O es que no siguen idénticos procesos químicos las unas y las otras? ¿Todo lo químico es malo y todo lo natural es bueno? Como señalara Héctor Abad en un artículo de prensa titulado Legalizar el dopaje, tenemos el caso de los hematocritos. ¿Dónde queda la diferencia entre lo artificial y lo natural? «Es deseable que un atleta tenga un porcentaje alto de glóbulos rojos puesto que son éstos los que llevan el oxígeno de los pulmones a los músculos y el oxígeno es la gasolina del cuerpo. Al mismo tiempo, es también conveniente tener una sangre diluida para evitar trombosis. Hay una manera natural de aumentar el hematocrito: viviendo en alta montaña. Si uno se va a vivir seis meses por encima de los 3.000 metros, en un páramo de los Andes, acaba con un hematocrito de más del 50% cuando el normal a nivel del mar es del 40%. El mismo efecto que se obtiene viviendo a gran altitud se puede lograr inyectando una hormona, EPO. El método de la mudanza es permitido; el método químico, no, ni el de las autotransfusiones de sangre, pero esta decisión es caprichosa». ¿Se persigue lo químico o lo que crea situaciones de desigualdad? Quizás la línea sea más difusa de lo que parece. Es por ello que para las revistas Nature y The Lancet –dos de las revistas científicas más importantes– sea preferible legalizar el dopaje y dar cuidados médicos abiertos a todos los deportistas para prevenir los verdaderos riesgos. También llegaron a poner en duda la efectividad de los test antidopaje y el verdadero daño que hace a los atletas.

El economista austriaco Mises ya habló de las consecuencias de la intervención prohibitiva en cualquier terreno de la vida pública. Esta terminará llevando a nuevas intervenciones futuras que, en lugar de erradicar el problema, acabarán engordándolo. En el tema del dopaje, como en el de las drogas, aumentan las mafias que trafican con sustancias sintetizadas en laboratorios clandestinos al margen de los criterios de sanidad mínimamente exigibles. Es ahí donde descansa parte del problema. Sin embargo, cantidades ingentes de dinero se van por el sumidero en programas antidopaje así como controles que no detectan las drogas aún no reconocidas, como ocurriera largo tiempo con el THG. Yendo más lejos aún, mayores condiciones de igualdad proporcionarían unos programas de dopaje asistido y de acuerdo a criterios médicos. Ya no sería una lucha de buenos y malos. Sería la igualdad de condiciones en sí misma ante la que prevalecería la transparencia y la auténtica lucha en la pista cara a cara. Una igualdad que, aun contando con la entelequia de que nadie se dopara, no existiría, pues no son las mismas condiciones biológicas las de un corredor de fondo etíope que las de un madrileño del barrio de Salamanca. Lógica al cuadrado.

Para terminar y como víctima de la demagogia ramplona de burócratas sin oficio ni beneficio en el deporte real, he de decir que más desencanto supone aún para cada uno de esos niños que dicen defender el hecho de ver cómo todos sus iconos caen como peones de ajedrez a una caja vacía que los condena al olvido eterno, antes que verlos competir en igualdad de condiciones. ¿Es intelectual y moralmente más sano cantarles al oído que los Reyes Magos existen hasta que alcancen los treinta? Esa y no otra es la hipocresía ante la que serpentean como culebras de agua el COI y demás organismos competentes por no meterse en harina olvidándose de engañifas que, tarde o temprano, más daño causan a quienes dicen proteger. Doy fe.

Finalizaba su artículo Héctor Abad con un razonamiento digno de coleccionismo fetichista: «En todo caso, dicen, por muchas drogas que se tome un atleta mediocre nunca conseguirá los resultados de uno grande. No es el dopaje lo que hace de Phelps un atleta extraordinario; es una mezcla de genes que lo favorecen con una disciplina de hierro que lo han hecho entrenarse cinco horas diarias durante los últimos 15 años. Aunque quizá tampoco la disciplina sea un mérito: es posible que ésta venga escrita también en nuestros genes»




jueves, 29 de julio de 2010

CONTRARIEDADES Y ESPAÑA


Contradecir la opinión de uno mismo es mojar la mano en la propia sangre. Y resulta que el centro de diálisis de la historia funciona a pleno rendimiento depurando unos fluidos escarlatas corrompidos hasta decir basta. Verbigracia. El bueno de Rousseau abandonó a sus cinco hijos en un orfanato al tiempo que medraba entre la aristocracia francesa. El hombre que tanto escribió y aleccionó sobre la bondad natural del ser humano y su necesidad de establecer un nuevo contrato social con la comunidad, terminó triturando los eslabones más básicos de la misma. El Padre del Estado convertido en un Monstruo de Amstetten es su propio hogar. Su desequilibrio mental le llevó a perfeccionar las artes del malabarismo hasta tal punto de dedicarse a machacar a una clase social de la cual se servía. Y las de delfín, pues fue capaz de nadar sin mojarse la ropa. Mientras daba lecciones de educación en su Emilio, no sólo abandonaba a sus hijos, sino también a su mujer. La historia ha demostrado que fue su acentuada manía persecutoria la que le hizo actuar con un cinismo rayano con la obscenidad durante toda su vida. Igual suerte corrió su coetáneo Fouché. Mientras inquiría con el dedo índice enhiesto que «el republicano no necesitaba más que hierro, pan y cuarenta escudos de renta», se permitió vivir bañado en oropeles durante la mayor parte de su vida. Tal es así que fue uno de los grandes terratenientes de la época.

Y como el agua busca el río, por los mismos andurriales se movió San Marx. La conciencia del proletariado vivió muellemente en el estrato del dos por ciento de las personas más ricas de Inglaterra. Recibió millones de Engels en los últimos años y todo lo gastaba, de modo que siempre pedía más. Jamás trabajó como asalariado. En el terreno de la moral no es que fuera una antorcha. No sólo dejó embarazada a su sirvienta, sino que se negó además a mantener al retoño no deseado. Tanto es así que finalmente tuvo que ser acogido por una humilde familia. La razón de no querer dar techo a quien compartía su misma sangre fue la de no perder su posición de privilegio entre la intelectualidad de la época. El dinero que todo lo puede. Chocaban así sus contrariedades como dos piedras de sílex hasta hacer saltar chispas. El hombre que quiso redimir a la humanidad no fue capaz de salvar a quien había concebido por una fuga de hormonas no controladas. Cosas veredes... Contradicciones rampantes en la acera de enfrente también. El mal llamado padre del liberalismo, Adam Smith, exigía de puertas afuera lo que negaba dentro. Al tiempo de concluir su obra insignia, La Riqueza de las Naciones, fue nombrado Comisario de Aduanas en Escocia. Aquel que con una mano pedía la prohibición de los aranceles, impedía la libertad de comercio internacional con la otra.

Y entre engañifa mayor y engañifa menor, alguna que otra desmitificación. Tal es así la del hasta ahora celestial Robin Hood. Según un manuscrito medieval descubierto por la Universidad Saint Andrews, no sólo robaba a los ricos como cuenta la leyenda, sino que también se pegaba sus banquetes con los pobres. Algo así como el socialismo, que esquilma y roba a quien dice proteger hasta el punto de dejarlos desnudos mientras mantiene entre fastos a una opípara Nomenklatura.

Pero no todo queda a años vista. En nuestros días, los mismos cangilones de la noria de la Hipocresía y el Cinismo siguen girando sin parar. Pasando por alto a todos estos progres nuestros al uso de Almodóvar, quien tiene invertidos más de siete millones de euros en una sociedad inmobiliaria mientras echa su cuarto a espadas desmochando a la España del ladrillo y el supuesto neoliberalismo, o el seráfico Bono de U2, que entre consigna y consigna saca tiempo para colar su cadena de hoteles en los Países Bajos en busca de mayores exenciones fiscales. Tanto es así que incluso Oxfam se ha desvinculado de un personaje que mientras pide más ayuda al tercer mundo en su lucha contra la pobreza, se permite pagar un cinco por ciento de impuestos en un régimen especial para inversores extranjeros mientras que el resto de trabajadores dejan el treinta y cinco al pasar por la caja del Fisco. A Dios rogando y con el mazo dando, que podría decirse. Todo muy cómico. Pero la corona de laureles –apolillados y roídos de ratones, que diría Galdós– se la lleva Noam Chomsky. El cañón de la izquierda mundial y experto en apuntar al centro de la santabárbara del buque capitalista, se mueve como sardinilla en el agua dentro del mismo capitalismo que acribilla. Después de dedicar gran parte de su vida intelectual a azotar los paraísos fiscales y los fideicomisos, se puso manos a la obra y creó el suyo propio. Con un patrimonio de más de dos millones de dólares, no dudó en chocarle sus cinco a la empresa Palmer and Dodge, mientras nombraba a su abogado fiscal e hija como fideicomisarios. Cuando un periodista le preguntó por el hecho mismo, el bueno de Chomsky respondió: «No voy a disculparme por apartar dinero para mis hijos y nietos». Como si el operar de todos esos malditos capitalistas y burgueses fuese otro distinto. Y es que pájaro viejo no entra en jaula. Podrá deshacerse en carantoñas y arrumacos con la Señora Redistribución de la Riqueza, pero siempre y cuando no se trate de la suya propia. Por lo demás, números bien cuadrados. Conferencias a doce mil dólares en la lonja universitaria; Cd’s con antiguas conferencias grabadas por trece dólares; fragmentos aislados de la misma conferencia a setenta y nueve céntimos; así como una buena legión de libros basados exclusivamente en entrevistas y conferencias. Todo ello con el consabido aviso de no flagelar sus derechos de autor mediante copias, como ya advierte en su propia página web, mientras que de cara a la galería –la de los doce mil euritos. Es decir: las conferencias– gasta un odio visceral a la propiedad privada y la propiedad intelectual, considerándolo un horrendo mecanismo de protección. Finalmente y como ya peina en canas, pensando en su plan de jubilación no acudió a los bonos del estado, sino que tiró de un fondo de valores privado –TIAA-CREF– y en cuya cartera de valores de inversión se encuentran múltiples empresas contra las que inasequible al desaliento lucha el propio Chomsky. Suma y sigue.

A finales del verano de 2003, más de uno pensó que los escribanos de la Historia se disponían a añadir algunos renglones torcidos a una obra de por sí inconclusa. El hallazgo de un osario en un barranco en Órgiva, Granada, hizo que como cerdos en torno al dornajo salieran a la palestra profesores de universidad e interesados varios en reescribir la historia. Sin pruebas ni estudios concluyentes, se lanzaron a la aventura de poner a la venta la piel invisible del oso que aún no cazaron. Ríos de tinta corrieron sobre el asunto, hasta tal punto que El País le dedicó la primera página al hallazgo. Estaban a punto de abrazar un Paracuellos a la inversa. Hasta que de repente, las nubes negras les aguaron una primavera que llegaba temprana. Los informes del forense concluían que donde supuestamente criaban malvas alrededor de cinco mil fusilados por el bando nacional no descansaban más que los huesos de un buen puñado de cabras y perros. Y toda la batahola revanchista caminó de nuevo dirección al campamento de invierno con las orejas gachas y el rabo entre las piernas; pero ansiosa de encontrar un nuevo Becerro de Oro que mitificar. A kilómetros de Órgiva, en el paraje de Fuente Grande de Alfácar, comenzaron en 2009 por fin las ansiadas excavaciones en busca de los restos mortales de un tal Federico García Lorca. Todo un símbolo de abnegación y martirio. Continuaba así dando bocanadas de aire una obsesión por Federico que nunca perecería. Y no del Federico poeta, sino del Federico símbolo. Convertido en icono y casi Tótem por los republicanos de izquierda. Chirriándoles los dientes y con los puños apretados cada vez que la familia del propio Lorca se opone a la apertura de cada una de esas fosas en las que se encontraría –una vez más– al finado poeta, se disponen a recibir una lluvia de hostias sin manos que caerán a calderadas.

En la nota 15 del capítulo IV de la obra de Arnaud Imatz, José Antonio: entre odio y amor, se alude a una entrevista publicada en 1968 en la revista Nuestro tiempo. En ella habla el poeta Luis Rosales acerca de la muerte de Lorca: «Siempre he pensado que quien denunció a Federico debía tener una enorme influencia política. No puede ser de otro modo considerando la extraordinaria movilización de fuerzas desplegadas para prenderle en un momento en el que no debía haber en Granada más de cien combatientes aptos para luchar en el frente y donde un arresto era cuestión de enviar tan sólo una pareja de la Guardia Civil. El arresto de Federico en casa de mis padres parece haber sido un episodio de la rivalidad CEDA-Falange, una maniobra política del diputado de la CEDA en Granada, Ramón Ruíz Alonso, con el fin de provocar un gran escándalo capaz de arruinar al partido rival, demostrando que los más importantes jefes falangistas esconden en sus casas a amigos rojos». ¿Rojos? Sabido es que Lorca no sólo se codeaba con la familia Rosales, todos ellos falangistas de carné. También se tiene constancia de la amistad que le unía nada más y nada menos que a José Antonio. Del fundador de la Falange llegó a decir: «José Antonio. Otro buen chico. ¿Sabes que todos los viernes ceno con él? Solemos salir juntos en un taxi con las cortinillas bajadas, porque ni a él le conviene que le vean conmigo ni a mí me conviene que me vean con él».

Toca ordenar la cacharrería y hacer inventario. Viene a colación todo esto dada la información que hace escasas semanas publicó el periódico Ideal. Se refería al audio de una entrevista salida a la luz que data de 1966, en la cual Luis Rosales es entrevistado por el hispanista Ian Gibson. En ella, Rosales pasa por el tamiz todo aquello cuanto conocía del Lorca político. Sostenía que en sus conversaciones nocturnas al llegar del frente, el propio Federico le comunicó que era «partidario de una dictadura militar» que acabara con la escalada de violencia entre los unos y los otros. Es más, llegó a espetarle al historiador que Federico tenía un pensamiento de derechas. Lejos de esa imagen al uso que nos venden por estos pagos los feligreses y nuevos catecúmenos del antifranquismo retrospectivo, se nos dibuja poco a poco con pincelada leve un Federico alejado de los cánones de la izquierda republicana comecuras y de daga pronta.

José Antonio, que gozaba de un magnetismo abrumador, una oratoria brillante y una pluma áurea, supo no sólo convertirse en menos que canta un gallo en el líder de Falange Española, sino que atrajo casi gravitacionalmente a los anarcosindicalistas de las JONS. Un proceso osmótico que hizo desertar a los miembros más reaccionarios de FE y los más izquierdizantes de la JONS. Y es que José Antonio luchó con gran brío y mayor pasión por acabar con el partidismo nacional, por romper con las izquierdas y las derechas, hasta tal punto de llegar a escribir que «el ser derechista, como el ser izquierdista, supone siempre expulsar del alma la mitad de lo que hay que sentir. En algunos casos es expulsarlo todo y sustituirlo todo por una caricatura de la mitad». De ahí que fuera un fervoroso anticomunista sin dejar de enfrentarse por ello a liberales y capitalistas. Tanto es así que Unamuno –liberal de corazón y no de etiqueta– entró en la caja de ébano acolchado sin comprender qué era exactamente el fascismo joseantoniano; pero, sin embargo, sintió una enorme admiración personal por José Antonio que manifestó en no pocas ocasiones. Es por ello que llegó a acoger como Rector de la Universidad de Salamanca uno de los actos de FE-JONS. Y es que las virtudes intelectuales de José Antonio, especialmente su oratoria, carisma y lucidez a la hora de poner en negro sobre blanco sus ideas, atraían a intelectuales de todos los puntos de la brújula. De ahí que incluso Juan Ignacio Luca de Tena le tendiera un puente en ABC a raíz del secuestro del semanario El Fascio, en el que colaboró junto a Sánchez Mazas, Ledesma Ramos, Onésimo Redondo y Ruíz de Alda, entre otros, y en el cual exponía su visión del fascismo. Una visión bastante aguerrida con el fascismo italiano de Mussolini, pues no dudaba en mostrar su mordacidad respecto al corporativismo italiano pero abrazando, sin embargo, al proletariado –de hecho hasta eligió el azul de la vestimenta falangista por considerarlo un «color proletario»– Unos hechos que, aun así, hacen chirriar los goznes de la puerta de la conciencia temporal cuando personajes como Lorca se codearon con un José Antonio que causaba amor y odio a partes iguales en un momento de la Historia en que las dos Españas se tornaban más irreconciliables que nunca.

No obstante, los que antaño callaran hogaño ladran. Mostrando un odio caníbal hacia una Falange que les es totalmente ajena en tanto que sus baños de prejuicios terminan cegando los ojos con un agua sucia de revancha, desprecian a unos falangistas con los que Federico se sentía al parecer bastante cómodo intelectual y formalmente. Pero las necrofilias afloran como los lirios en primavera. En paños menores se queda el opúsculo de Carlos II a la momia de su padre en el pudridero de El Escorial a fin de sacudirse, como si de moscones se tratara, el supuesto hechizo de su esterilidad que le acompañaba desde que, siendo aún niño, se negara a besar a Felipe IV en el lecho de muerte; o las exhumaciones de Felipe el Hermoso a manos de su viuda Juana, en La Cartuja de Miraflores, con objeto de cerciorarse de que sólo fuera su corazón quien se pusiera en camino junto a los neerlandeses y tener así la tranquilidad de que su cuerpecito siguiera pudriéndose junto a ella. Moco de pavo comparado con las obsesiones necrofílicas de la Asociación para la recuperación de la Memoria Histórica, en general, y los lorquianos, en particular.

Las dos Españas se vuelven más macabras y obscenas que nunca. Hacer negocios ideológicos con quienes yacen bajo tierra es síntoma de una ataraxia moral propia de una sociedad puramente revanchista. Máxime cuando los cristales de la Historia misma presentan ciertas opacidades. Recubrir la figura de los falangistas con la farfolla de la derecha más casposa y violenta cuando no fue más que una izquierda católica al margen de la lucha de clases y, atribuirle a Federico García Lorca un odio a esa misma Falange –supuestamente derechista– mientras se carteaba con José Antonio y paseaba con las cortinillas bajadas para no ser delatado, denota cierta sumisión a los dictados del triunvirato de la Ideología, la Fe y la Ignorancia. Las contrariedades con las que tropiezan estos turiferarios de la peste no hace más contaminar hasta la enfermedad una tierra de por sí arriscada y yerma. Quizás el propio Lorca le dedicara unos versos a todos esos revanchistas que, en boca ajena, ponen palabras y hechos que con el paso de los años comienzan a columbrarse harto desfigurados.

La Memoria de una guerra unifica, la Revancha disgrega. Y en ésta última andan. Nadie lo ha contado mejor que Sánchez Dragó en sus Muertes paralelas, en el que narra o, más bien, evoca y lamenta, «la historia –muertes paralelas, consignas convergentes, infamias equivalentes, fratricidios análogos– de José Antonio Primo de Rivera y, a su trasluz, la de Miguel Hernández y Antonio Machado, la de Federico García Lorca y Pedro Muñoz Seca, la de Maeztu, la de Ledesma Ramos, quizá la de Buenaventura Durruti y, en todo caso, la de los cientos y cientos de miles de españolitos de la primera mitad del siglo XX que vinieron al mundo en un país permanentemente malhumorado y probablemente irredimible, y en una época de abyección generalizada, y a los que esa época –dies irae– y ese país invertebrado, bicéfalo, esquizofrénico, sadomasoquista y parricida helaron el corazón. Yo soy uno de ellos. Nací, ya lo dije, en el 36». Muertes paralelas. Ni buenas ni malas. Paralelas...

Pobres aquellos que remueven la tierra en rescate de la memoria de un Lorca que elevan a la categoría de mártir de la izquierda y la República ignorando que lloraría las muertes de José Antonio y Rosales –y quizá la Falange misma– más que la de ellos mismos. Las contrariedades de España.

sábado, 10 de julio de 2010

PROCUSTO Y EL ESTADO POLICIAL



El movimiento se demuestra andando. Según el fiscal general del Estado, Cándido Conde Pumpido, existen un total de 730 procedimientos abiertos contra partidos políticos por casos de corrupción. Y resulta que, como el pulpo Paul al mejillón gallego, la corrupción se agarra con algo más de fuerza al PSOE antes que a ningún otro partido, según se sustrae del informe de la Fiscalía: 264 procedimientos abiertos frente a los 200 a miembros del PP. Nada nuevo bajo el Sol, sea dicho de paso. Sin embargo, ocurre que aquellos que tienen la obligación y los medios de abrir las puertas de casa para ventear los efluvios de los cadáveres en estado de descomposición y avisar así al forense, terminan cubriendo la periferia con ambientador de rosas y escondiendo los restos bajo la alfombra. Mientras, en otros tantos lugares abren ventanas y puertas para que toda la pestilencia sacuda las pituitarias de los vecinos. Y con escarnio para suyos y ajenos además. Alfarero a tus cacharros, ¿haz tu copa y no te importe no saber hacer el barro? Tanto como pedirle al leguleyo centrarse en la justicia. Y es que las termitas terminan de merendarse el pilar de la Ley que otrora se convirtiera en garante del Estado de Derecho. Pero claro, Montesquieu ha muerto, como dijera ese gran guerrero con triple soldada, Alfonso Guerra. Las tornas han cambiado. Las heridas han cerrado. Il tempo, gran dottore. ¿Imperio de la Ley? Imperio, a secas. ¿Paseítos en la lechera a la luz de las cámaras de televisión? ¿Violación de la presunción de inocencia? ¿Arrestos sin orden del juez? ¿Escarnio público? Ay, si más de un ministro tuviera la carta blanca Kerenskyana o siquiera Caballeriana… De momento vale una horda de más de ochenta policías para hacer desfile –ni el de la Hispanidad– ilustrando las capacidades justicieras que lleva como sayo bajo la lluvia este Paladín de Carlomagno, Rubalcaba. Y es que el inconsciente traiciona y los fantasmas de Navidad terminan apareciendo. Quizás sean sus almuerzos en el comedor de casa al arrimo y al abrigo de las diatribas nacionales de un padre militar franquista como el que tuvo los que le hagan actuar inconscientemente recreando métodos y modos tan al uso de las dictaduras. Algo así como el montar en bicicleta. Lo aprendes, lo repites, no se olvida; pero no sabes ni el cómo, ni el porqué ni el cuándo lo aprendiste. ¿Pinchar teléfonos? Pues claro. ¿Detenciones sin garantías judiciales? Y tanto. ¡Papá lo hacía! Igual que el hijo de alcohólico asume los delirios de su padre haciendo necesaria la mentira, Rubalcaba asume no sólo procedimientos del ala paterna, sino también termina bebiendo de la ubre materna de la militancia socialista: «estaremos en la legalidad mientras la legalidad nos permita adquirir lo que necesitamos; fuera de la legalidad cuando ella no nos permita realizar nuestras aspiraciones», que le espetara el bueno de Pablo Iglesias a Antonio Maura en el Congreso. Y es que como el toro con querencia a los toriles viven estos socialistas de alto coturno y rancio abolengo cuando niegan y reniegan sus raíces, buscando el refugio de la mentira. Igual que De La Vega canturreara por Paraguay la coplilla de moda diciendo que su padre fue un represaliado del franquismo, tan represaliado que Wenceslao Fernández De la Vega fue condecorado por el Régimen con la Medalla de Oro al Mérito en el Trabajo. Menucias.

Lo cierto es que el circo mediático formado alrededor de Joaquín Ripoll pareciera acercarnos más a Ceaucescu que a cualquier democracia liberal. Como latones de feria acribillados por escopeteros sin atino, los centros del Estado de Derecho fueron saltando por los aires al tiempo que los cartuchos de la ignominia iban siendo percutidos. Mientras que la Ley contempla que las detenciones han de realizarse con el menor daño físico y moral posible, el Presidente del PP alicantino fue desayunado por las cámaras de televisión en pijama y con los últimos bostezos de la mañana aún en la boca. Nada que ver con esos etarras detenidos a media noche que salen entonando sus cánticos atapuercuences vestidos y bien acicalados, además de cubiertos por un aprisco de guardias civiles. Una de las principales diferencias entre las dictaduras bananeras y las democracias reales es que en las primeras son los ministros y allegados al Sumo Hacedor quienes dictan sentencias y ordenes de arresto, mientras que en las segundas, tal labor es exclusiva de los jueces. En este caso, ni el mismísimo juez estaba al corriente de tal detención. No así el Paladín Rubalcaba. Blanco y con cáscara.

Pero no sólo son las formas, sino el fondo. El cambio de timonel llevado a cabo por el Gobierno de Zapatero –que tanto se auto promocionara en la teletienda como el Gobierno del talante, la libertad y bla, bla– no sólo desmocha la Libertad de políticos de la oposición, sino también de los medios de comunicación que no caigan decúbito prono ante la tabla de los diez mandamientos de la corrección política. Se llevó a cabo el secuestro de Ripoll cuando aún más de uno ponía a secar al Sol sus calzones tras el chaparrón liberticida del Ministerio de Industria de Sebastián, que multara al Grupo Intereconomía con cien mil euros por un anuncio de cosecha propia contra el día del Orgullo Gay. Una multa que debería haber caído también a la asociación de gays y lesbianas COLEGA –una rosa entre tantos cardos de asociaciones– pues nunca dudaron en criticar de igual el circo y carnaval del día del Orgullo Gay: «Llevamos todo un año sensibilizando con talleres, charlas y mesas informativas, visitamos institutos de enseñanza, asociaciones de vecinos y todo para quitar los estereotipos que tiene aún la sociedad sevillana sobre los homosexuales. Y ahora con una fiesta que hace del estereotipo su principal atractivo, se termina de un plumazo todo el trabajo de un año». ¿Para ellos no hay multa? Verdad a medias, mentira al completo. Y es que el grupo COLEGA no deja de sufrir la asfixia económica por parte de las administraciones. Para el PSOE, ni siquiera los homosexuales son iguales. Como en todo, los hay buenos y malos. A saber: adeptos al Régimen o críticos con él y, por tanto, enemigos frontales. Curiosa vara de medir. Y es que, como escribiera Pío Moa hace días, los socialistas representan tanto a los homosexuales como los comunistas a los obreros o las feministas a las mujeres, es decir, nada. Pura mafia.

El clásico maniqueísmo escarlata llevado a extremos lancinantes. O se asume la libertad con todas sus consecuencias o se dice, lisa y llanamente –y sin magdalenas en la boca– que no defienden más que su propia concepción de libertad: aquella que le reporta plusvalías en forma de votos. Así, mientras encorsetan a medios de comunicación por ejercer su libertad, firman un contrato multimillonario con La Guadaña mediante la Ley del Aborto, quien se verá más que autorizada a recibir en su matadero privado a todos aquellos nonatos que sus disolutas madres quieran pasar por la túrmix a fin de barrerlos no sólo de su vientre, sino peor aún, de su conciencia. Así las cosas, toca memorizar la lección. Se puede blasfemar públicamente, pero no se puede criticar el carnaval que forman esas hetairas disfrazadas de monjas durante la caravana del Orgullo Gay, por lo que se deduce que se defiende la libertad de aquellos que –en teoría– menos garantías tienen, pero se permite el asesinato de aquellos otros que vienen desnudos de cuerpo y alma al mundo y, por tanto, representan la indefensión más absoluta. Corolario: y llegaron los sarracenos y nos molieron a palos, que Dios ayuda a los malos cuando son más que los buenos, que entonara la copla.

Cuenta la leyenda griega la existencia de un ermitaño que vivía en la colina y a cuya cabaña llegaban los viajeros perdidos a fin de hacer fonda en el camino. Procusto, como así se llamaba, les ofrecía para su descanso una cama bastante particular. Una vez que el viajero se tumbaba sobre ella, Procusto tenía dos opciones: en el caso de que la longitud del viajero sobrepasara las dimensiones de la cama, le cortaba sus miembros salientes, de igual que, en caso contrario, estiraba los mismos mediante un juego de pesos y cadenas hasta que alcanzara la longitud de la cama. Desde entonces, son muchos los que utilizan la cama de Procusto a fin de cortar o estirar la Justicia según sople el viento. Unos, como Bono, pasan desapercibidos, mientras que otros, como Ripoll, son mutilados delante de las cámaras en una muestra de exhibicionismo y grosería rayana con un sadismo que ni el mismo Procusto atendería. Una vez más, la ficción y la realidad caminan de la mano. Siempre en España.

martes, 29 de junio de 2010

VERDE QUE TE QUIERO VERDE...



El 16 de Junio, el Instituto Juan de Mariana recibió un paquete remitido por la empresa solar Termotechnic. El destinatario, en este caso, se trataba del presidente del IJM, Gabriel Calzada. En dicho paquete se hallaron dos objetos metálicos, un filtro de gasoil y una pieza metálica con rosca que se adaptaba al filtro. Tanto Gabriel Calzada como Lorenzo Ramírez, así como el agente de seguridad, lo tomaron como una suerte de amenaza ramplona. Al tiempo, el propio Calzada se puso en contacto con Pedro Gil, presidente de la empresa Termotechnic, ante lo cual expuso éste último que lo único que le había enviado fue un informe sobre las energías renovables. Y es que Gabriel Calzada, doctor en economía, profesor de la Universidad Rey Juan Carlos, columnista de Libertad Digital y Expansión, así como Presidente del Instituto Juan de Mariana, se ha convertido en el ariete, la bestia negra, el paladín que con su espada de números y cifras deja sin cabezas a ecologistas y defensores de las renovables allá donde se preste. Así, lideró una investigación que concluía que cada megavatio verde instalado destruye 5,3 puestos de trabajo o que cada empleo verde creado se esconde tras el burka de los 570.000 euros de subvención que necesita para ponerse en pie. Datos que corrieron como la pólvora de las culebrinas, hasta tal punto que el Senado de Estados Unidos reclamó su presencia para exponer el informe sobre las consecuencias del modelo español de energías renovables subsidiadas. Además, participó en programas de CNN y FoxNews después de que The Economist y The World Street Journal cayeran de hinojos ante sus estudios.

Sin embargo, más de uno quisiera ver a Calzada pasado por la parrilla del martirio de San Lorenzo, como es el caso de Público o todos esos participantes de una de las conferencias internacionales de la Comisión Europea que amenazaron con no participar si el economista no era retirado del programa. Y es que el cambio climático, en general, y las energías renovables, en particular, se han convertido en el nuevo Becerro de oro de occidente ante el cual hay que mantener una postura casi reverencial si no se quiere cruzar el peaje que conduce a los herejes al mundo de los apestados.

Todo ello con el eco del Climagate aún chocando contra las paredes, o esas voces críticas con la teoría del calentamiento global que se multiplican como los lirios en primavera, como es el caso de la plataforma de 150 científicos que negaron esas supuestas evidencias empíricas que dicen probar la existencia de un origen antropogénico del calentamiento de la Tierra, o los más de 700 científicos contrarios a la teoría oficial de la ONU que contabiliza el Comité de Medio Ambiente del Senado de los Estados Unidos. No obstante, en la España de Quijotes y Sanchos, el alud de las energías renovables sigue barriendo del mapa cualquier posibilidad de disensión o debate científico. Al contrario, los programas de subvenciones y ayudas a la causa crecen sin parar como una bola de nieve montaña abajo, como prueban los 6.000 millones de euros destinados al desarrollo de las energías verdes y que ahora han de ser amortiguados con el colchón de la factura de la luz. Resulta que, a veces, por querer hacer el bien y correr una suerte de San Francisco de Asís termina uno metiéndose en el pellejo de Mefistófeles.

Con estas cartas sobre la mesa, parece incluso de esperar que todos aquellos involucrados en el negocio de las energías renovables recurran a todo tipo de malabarismos y mañas de trileros a fin de seguir haciendo sus Américas a costa del contribuyente y la engañifa ecologista. Y no sólo cabe mencionar la baladronada de Termotechnic, sino que los hay que se pasean con los pies desnudos sobre el filo de la navaja jugándose el tipo por llenar las galeras de oro. Como destapara El Mundo hace escasos dos meses, existen plantas solares en Andalucía, Canarias y Castilla-La Mancha en las cuales han descubierto que entre Noviembre de 2009 y Enero de 2010 produjeron energía solar entre medianoche y las siete de la mañana. Es decir, les pillaron con el carrito del helado. ¡Plantas solares que producían de noche! ¿El truco? Grupos electrógenos alimentados con gasoil. Un generador trabajando a toda máquina durante la noche para, por arte de birlibirloque, plantarla en el sistema eléctrico como energía limpia. De esta manera, se produjeron cerca de 6.000 megavatios piratas que reportaron unos 2,6 millones de euros en concepto de primas. Todo ello cuando el sector de la energía solar no aporta más del 2% del total de la energía generada en España. No obstante, el sector de los malandrines solares se llevó bajo el brazo en 2009 unas primas por valor de 2.300 millones de euros. La gallina de los huevos de oro. Qué digo gallina, avestruz.

Todo ello con una energía solar que, a la luz del candil de los hechos demostrados, no es tan limpia ni mucho menos tan barata como predican los alguaciles del Gobierno y grupos ecologistas. Tal es así que el proceso de fabricación de un panel fotovoltaico, además de ser un proceso demasiado contaminante, requiere casi tanta energía como la que generará en toda su vida operativa. Y es que pretender explotar una energía que fuera desarrollada casi exclusivamente para satélites y hacerla extensible al mundo real aun sabiendo de su ineficacia, sólo puede justificarse desde puntos de vista puramente ideológicos y pasionales. Seguir jugando a meter los dedos en el enchufe. De esta forma, según estimaciones aproximadas, está previsto pagar del orden de 19.000 millones de euros en las próximas décadas en concepto de subvenciones a una energía que se ha demostrado altamente ineficiente. Una cifra que supera al Plan Marshall que saneó a la Europa de posguerra.

Pero no todo se queda en la energía solar. Igual suerte o peor corren los biocombustibles. Ahora que en Europa nos lanzamos a imitar el movimiento pro alcohol del Brasil de los setenta, es el momento de poner sobre la balanza algunas de las consecuencias del mismo. El daño que los biocombustibles están causando a la agricultura en general comienza a columbrarse. En Estados Unidos –también en el tren del esnobismo verde– no sólo se obliga a mantener unas cotas de producción de maíz destinadas a la producción de biocombustibles en perjuicio de otros cultivos alimenticios, provocando un aumento de precio sobre los segundos, sino que además comienza a importar gran parte del cereal para mantener sus mínimos de producción de biocarburantes establecidos por Ley. Según estudios del Cato Institute, para que el etanol pudiera competir con la gasolina se necesitaría casi la totalidad del terreno cultivable del país –un 20% de la totalidad del Estado–. De igual ocurre en Europa, donde bajo los auspicios de la Directiva sobre la calidad de los combustibles se está rebajado la sobrexplotación de ciertos cultivos productores de material excedente para, así, bajo un régimen de concesiones de primas destinarlos al desarrollo de cultivos en los nuevos Estados miembros que incrementen y cumplan las cuotas mínimas de producción de materias destinadas a los biocombustibles. La amnesia, ese mal endémico de Occidente. Parece que hemos olvidado las consecuencias de bloquear un proceso de economía de mercado libre y abrazar una regulación sobredimensionada.

Pero no todo queda ahí. Ocurre que los biocombustibles, al igual que otras energías verdes, ni son tan limpios ni tan baratos. En el caso del etanol E-10, menos de un 25% es renovable, además de reducir tan sólo un 5% las emisiones de gases invernaderos. Además, en su producción, el consumo de petróleo es un 30% mayor que la energía que genera, por lo que consume más de lo que produce. Según la Universidad de Cornell y California, cada galón de etanol contiene 76.000 BTUs (unidades térmicas) producidos a partir de 98.000 BTUs. La gasolina, por su parte, genera 116.000 BTUs, mientras que en su producción se destinan 22.000 BTUs.

El fin, una vez más, parece verse a leguas. La manida guerra contra las centrales nucleares y las petroleras. Una energía nuclear que se ha demostrado ser más limpia y más barata. Y unos campos petrolíferos intocables por culpa de la presión ecologista. Es el caso de Alaska, en el que se ha dado por imposible explotar unas reservas que podrían dar 10.000 millones de barriles de petróleo y que por culpa de las leyes ambientales venteadas por los grupos ecologistas ha sido negada su explotación. Todo ello sabiendo cuáles son las consecuencias de limitar la oferta… Si lo metemos en la ensaladera y aliñamos con otros casos como los de Venezuela en los que tras apoderarse de la italiana ENI y despedir a veinte mil técnicos especialistas en explotaciones a fin de conceder prerrogativas a sus compatriotas, y por lo cual se sucedieron los desastres e incendios disminuyendo nuevamente la oferta de las explotaciones petroleras, blanco y con cáscara. Un lastre que lleva consigo el hecho de que el 77% de las explotaciones petroleras del mundo pertenecen a empresas estatales, mucho más ineficientes y herméticas. Conviene apuntillar también que, según el Consejo Nacional de Petróleo de los Estados Unidos, existe suficiente petróleo en el mundo como para tener que buscar compensaciones más caras –y para más inri, financiadas con el dinero del contribuyente–, más contaminantes, y menos rentables. El gran problema son nuevamente los grupos de presión y sus políticas anti-energéticas que impiden la explotación de sitios protegidos. Y a darle palitos a la mula...

En el Antiguo Egipto se extendieron las plañideras, mujeres que eran contratadas para llorar en los funerales de las personalidades importantes a fin de poner de relieve la importancia en vida del finado. Recogían sus lágrimas en un vaso que posteriormente era depositado en una urna junto al difunto, además de rasgarse las vestiduras y arrancar sus cabellos. Otras llegaban al extremo de arañar sus rostros hasta ensangrentarlos para darle mayor dramatismo a la escena. Todo ello a fin de conseguir unos ochavos. Pues bien, parece que la figura de la plañidera comienza a reproducirse en nuestros días. Miles de ecologistas que se rasgan las vestiduras mientras lloran a una Madre Tierra que dicen proteger y que, a fin de cuentas, terminan desestabilizando aún más. Pura pantomima. El dinero –ese sí– mueve montañas...

Coda: ¿Teoría oficial? ¿Verdad incuestionable? Copy & Paste:

Ivar Giaever, Premio Nobel de Física: "Soy un escéptico [...] El calentamiento global se ha convertido en una nueva religión".

Kiminori Itoh, ex miembro del IPCC: el temor infundado sobre el calentamiento global es el "peor escándalo científico en la historia [...] Cuando la gente llegue a conocer cuál es la verdad, se sentirán engañados por la ciencia y los científicos".

Joanne Simpson, la primera mujer en el mundo en recibir un doctorado en meteorología, ex miembro de la NASA, autora de más de 190 estudios y reconocida como una de las científicas más prominentes de los últimos 100 años: "Dado que ya no estoy afiliada a ninguna organización ni recibo ningún tipo de financiación puedo hablar francamente [...] Como científica me mantengo escéptica [...] La afirmación de que la emisión de gases de efecto invernadero por parte del hombre es la causa del calentamiento está basada casi exclusivamente en modelos climáticos". "Todos conocemos la fragilidad de estos modelos".

Víctor Manuel Velasco Herrera, investigador del Instituto de Geofísica de la Universidad de México: "Los modelos y pronósticos del IPCC de la ONU son incorrectos porque solamente están basados en modelos matemáticos y presentan resultados en escenarios que no incluyen, por ejemplo, la actividad solar".

Geoffrey G. Duffy, profesor en el Departamento de Ingeniería Química de la Universidad de Auckland (Nueva Zelanda): "Incluso duplicando o triplicando la cantidad de dióxido de carbono tendría un impacto mínimo" sobre el aumento de temperaturas en comparación con la influencia de la concentración de vapor de agua en la atmósfera.

Moonwalker Jack Schmitt, astronauta premiado por la NASA, perteneciente al Servicio Geológico de Noruega y de EEUU: "El pánico al calentamiento global está siendo utilizado como una herramienta política para aumentar el control gubernamental sobre la vida de los estadounidenses".

Richard Keen, del Departamento de Ciencias Atmosféricas y Oceánicas de la Universidad de Colorado: "La Tierra se ha enfriado desde 1998, en contra de lo previsto por el IPCC".

LeBlanc Smith, ex director del Centro de Investigación Científica de la Commonwealthde Australia: "¿Cuándo despertará la sociedad de este engaño colectivo?".

miércoles, 23 de junio de 2010

HISTORIAS PARA NO DORMIR


Honesty is the best policy, reza el adagio anglosajón. Una honestidad que en nuestro país cabría trocar por la mentira o similar. En nuestro país y todo aquel en el que el alelo soviético esté claramente marcado como dominante. Y es que de casta le viene al galgo. Fue precisamente Lenin quien rebozó la utilidad de la mentira como arma revolucionaria. De ahí que los unos emanen del terror revolucionario de la Revolución Francesa, sangrienta y cruda como una matanza de marranos; y los otros se desprendan como una cascara seca de La Gloriosa de 1688, cuya nota dominante del Ordenamiento de la Revolución fue la libertad personal bajo el paraguas de la ley. Así, mientras que en la una pasaban por el cadalso a tirios y troyanos, capuletos y montescos, en la otra se entibaban leyes de Tolerancia, Sedición, abolición de la censura, etc., permitiéndoles vivir en paz consigo mismos hasta nuestros días. Todo ello dejando más que en evidencia que la concordancia, la libertad y el respeto a la ley dan más garantías de supervivencia que la imposición de una mitad sobre la otra. Matemática pura.

Sin embargo, la herencia del terror perdura hasta día de hoy. Veinte artistas –o abajofirmantes– y veinte familiares de víctimas leyeron el pasado domingo en el cementerio de la Almudena los nombres de mil quinientos fusilados durante el franquismo. Pilar Bardem, Miguel Ríos, Álvaro de Luna y Marcos Ana entre otros corrieron esa suerte de Linces de la República, como se le conoció a la fuerza de asalto de Azaña. Fue Marcos Ana quien criticó sin despeinarse y sin que se le cayeran los anillos que ningún miembro del Ejecutivo estuviera presente en el acto, ya que "si hubiese cumplido con su deber con la memoria histórica, no seguiría perdurando la memoria de los vencedores". Ahí les duele. La memoria de los vencedores, dice el artista. Es decir, la memoria del franquismo y, por añadidura, la memoria de una posterior democracia. Una democracia de la que siempre huyeron socialistas de toda laya. ¿Acaso no escupieron pestes sobre la misma democracia Largo Caballero y Prieto al tiempo que caían de hinojos ante un posible plan Kerensky a la española con el que instaurar la Dictadura del Proletariado? Dictadura, sí. Una dictadura con todos los mimbres de ser más sangrienta que la franquista, como bien dejaron entrever durante la República. Y es que solamente la seráfica checa de Madrid acabó con doce mil almas. Tan celestiales como aquellos que acometieron los cinco mil fusilamientos de Paracuellos. ¿Tuvieron acaso más garantías jurídicas que estos otros fusilados por los nacionales que ahora lloran los artistas en el video de Azucena Rodríguez y en el cementerio de la Almudena? ¿Es que los paseos llevados a cabo por los milicianos del Frente Popular al más puro estilo gánsteres de Chicago en plena Ley Seca gozaron de un mayor marco de legalidad? Obviamente, no. No obstante, los hay todavía que se adhieren –de igual que la sanguijuela se agarra a la piel– a la infecta idea de que existen dictaduras buenas y dictaduras malas, como ya señalara Revel. De nada tiene en cuenta el jabardillo de avispas progresistas el odio de clases instaurado durante la República por el Frente Popular, así como las persecuciones religiosas realizadas y cuyo precedente más cercano se halla en la persecución de los cristianos llevada a cabo por Diocleciano. Todo muy legítimo y democrático. Muy soviético.

Así, de igual que los peces se mantienen a flote gracias a la vejiga natatoria, para estos artistas que ni pincharon ni cortaron durante la República –ni mucho menos durante el franquismo– existe una suerte de vesícula escondida que les hace sacar a flote sus deseos e invenciones particulares a fin de crear una nueva historia de España que se ajuste a sus quimeras personales de manual. Un antifranquismo de chichinabo que representa mejor que nadie Pedro Almodóvar. Como escribiera en un brillante artículo en LD José García Domínguez titulado "Yo, Pedro Almodóvar" cuando falleció Franco contaba ya con sus veintiséis años bien cumplidos, y mientras que muchos de esos fachas retrógrados como el propio José García, Jiménez Losantos, Sánchez Dragó, Díaz Herrera, Escohotado y un larguísimo etcétera se jugaban su propia libertad luchando en el PCE-PSUC, PSP, CNT y demás potajes marxistas, Almodóvar «se enroló en las heroicas milicias nocturnas del J&B». Todo un luchador. Y comprometido además. Un franquismo que encuentra más simetrías con el Gobierno de Zapatero que con los trogloditas del PP, que diría Pepiño. Simetrías entre el Plan Badajoz y los planes de sostenibilidad y demás tómbolas de Zapatero; simetrías entre el Instituto Nacional de la Vivienda de Franco y el Ministerio de la Vivienda actual; simetrías entre la paga de junio o paga del 16 de julio llamada anteriormente con la que Franco celebraba el día del Alzamiento Nacional –herencia franquista que ningún defensor de la Memoria Histórica se atreve a rozar– y los cuatrocientos euros de Zapatero; simetrías entre la admiración compartida por Fidel Castro, hasta tal punto que Fidel decretó tres días de luto oficial a la muerte del General Franco, dada la protección que le brindó a Cuba durante el embargo norteamericano; simetrías entre el afán personalista que Franco abanderó durante todo su mandato de igual manera que el propio Zapatero gobierna de acuerdo a la voz de su conciencia; simetrías entre el gusto por la protección social de Franco, quien creara la Seguridad Social, y Zapatero, experto en cubrir todo aquello cuanto toque con la laca de lo social; y simetrías, ante todo, entre el autoritarismo de ambos dirigentes, pues no conviene olvidar que Franco fue autoritario, no totalitario. Tal es así que, como denunciara Solzhenitsin a su paso por España, no cabía en su concepción de dictadura totalitaria que en los kioscos se encontrara prensa de todo el mundo, al igual que se pudieran realizar fotocopias en las imprentas. Detallitos impensables en su Unión Soviética. Unas simetrías, en definitiva, que no hacen más que dar la razón a Esperanza Aguirre cuando declamó en el programa 59 segundos que Franco era bastante socialista.

Pero la claque progre, imbuida más por sus deseos personales que por la mera objetividad, dedica sus letanías a desmochar a un supuesto genocida procapitalista como Franco mientras que abrazan una República que, según su versión, nos trajo la democracia actual sobre la que se levantan los pilares de la libertad y la Ley como eje radial de la sociedad. Ignoran el intento de Golpe de Estado llevado a cabo por frentepopulistas en octubre de 1934 al abrigo de la Unión Soviética, siempre al tanto de lo que acontecía en España, hasta tal punto que el posterior bombardeo del aeródromo de Tablada fue realizado por un escuadrón de aviones Katiuskas comandados directamente por los soviéticos, por no mencionar la decena de buques soviéticos que nutrían de combustible y armamento al Frente Popular comenzada la guerra; o el asesinato de Calvo Sotelo a manos de la guardia personal de Prieto y que desencadenaría la Guerra como él mismo comunicara al Ministro de la Gobernación; o las baladronadas del socialista González Peña, quien declamaría que la Revolución de Asturias habría fallado por una supuesta «juridicidad» que la empañó y por lo cual exigía para la próxima Revolución un grupo de las cuestiones previas encargado de sanear los edificios públicos a fin de quitar la mala hierba; o las palabras de Enrique Castro Delgado, que impuso la fórmula de «matar, matar y matar, para después construir el socialismo»; o aquellas otras de Andreu Nin sosteniendo que la clase trabajadora no tenía las armas en la mano para defender una República democrática, dejando entrever así su pasión por la Dictadura del Proletariado. Y así, todo un rosario interminable de barrabasadas.

Ocurre, sin embargo, que cuando se altera la paz de los muertos de uno solo de los bandos que participaron durante una guerra civil, los del otro patalean, se revuelven bajo la tierra y reclaman su lugar en la historia. Así las cosas, raya lo evidente que en ambos bandos se cometieron atrocidades. Unas atrocidades que los artistas de la ceja parecen ignorar u ocultar conscientemente, y a las que José María Zabala le dedica cuatrocientas páginas en su libro titulado Los horrores de la Guerra Civil, en el que se cuentan testimonios que van desde el sadismo con el que algunos cadáveres de religiosos descuartizados eran arrojados como alimento a una piara de cincuenta cerdos, a aquel otro en el que un carcelero, tras ofrecerle todo un banquete de carnes a un preso, le espeta al finalizar el almuerzo que se acababa de comer a su propio hijo. Testimonios que bien cabrían en uno de esos videos tan del gusto de los artistas. Sin embargo, cuando la historia se basa más en deseos personales que en hechos, ocurre que la mentira se desenmascara y despierta la verdad, buscando ésta vías de escape como el agua busca el río. Y ocurre también que mientras unos se dejan arrastrar por el odio más cainita, los otros perdonan, como es el caso de Alfonso Ussía y los tantos familiares que se dejaron ver en La Razón.

En este punto al que tratan de conducirnos de nuevo los revisionistas a traves de un carril unidireccional, conviene recordar las palabras de Ortega y Gasset –republicano asqueado de ese mismo sectarismo que ahora enarbolan los artistas y por el que abandonó la causa republicana junto a Marañón y Pérez de Ayala– con las que zanjó un debate sobre cuál de los dos bandos había sido más sangriento: «Mire usted, cuando se llega a lo métrico decimal, mal asunto», replicó.

viernes, 11 de junio de 2010

A LA VUELTA CON LAMARCK

La Academia de las Ciencias de la Unión Soviética fue una imponente cocina donde sus chefs daban lustre a la especialidad de añadir agua a la sopa. No importaba el plato en sí, sino la cantidad de los mismos que pudieran ser presentados. Todo bajo la férula de los jefes soviéticos. Es decir: la ciencia hecha ideología. La prostitución misma. A diferencia de los Estados Unidos y su modelo de universidades, los soviéticos no lucharon por acercar el hombre a la ciencia, de igual que la polilla busca el fuego, sino que trataron de traer la ciencia al hombre. Y así, horma en mano, hacer unos zapatos a la medida. Y es que la obsesión comunista por hallar la Piedra de Roseta a partir de la cual poder extraer las claves del súper hombre ya la demostró el mismísimo Trotsky, quien aseguró que en la sociedad socialista, «el hombre medio llegaría a igualarse a un Aristóteles, un Goethe o un Marx. Y, por encima de tales cumbres, se alzarían otras aún mayores». Tal es así que no dudaron en aferrarse incluso al Lamarckismo y su teoría de la herencia de los caracteres adquiridos. La evidencia más palmaria de esta violación de la Ciencia la llevó a cabo el biólogo y director de la Academia de las Ciencias Soviéticas, Trofim Lysenko. De él se dice a día de hoy que fue pura pseudociencia, literatura al cubo. Es más, se utiliza el término Lysenkoismo para denotar la sumisión de la Ciencia a la política. Algo tendrá el agua cuando la bendicen. Nos cuentan que durante un congreso oficial de la Academia de las Ciencias Soviéticas, Lysenko intervino como director defendiendo las tesis oficiales, llegando a declamar con ese aire profético que ventean los vendedores de humo que, «de tener la constancia de cortar las orejas de las vaquillas cuando nacen, generación tras generación, al cabo de un tiempo las vacas nacerían sin orejas». Pero como todo anverso tiene su reverso, desde el fondo de la sala se oyó la voz de un joven que preguntó: «Profesor Lysenko, de ser cierto que cortando las orejas de las vaquillas sistemáticamente, generación tras generación, éstas acabarían naciendo sin orejas, ¿cómo se explica que todas las jóvenes de la Unión Soviética sigan naciendo vírgenes?». El Rey ahogado, que se diría en el ajedrez. Desde entonces, la figura de Lysenko se fue desinflando como si de un globo de helio se tratara.

Modelo productivo social, plan de eficiencia energética, nueva conciencia social, cambios en el modelo financiero, son muchas de las consignas que repite hasta la nausea nuestro Lysenko leonés, Zapatero. Independientemente de que todas sus improvisaciones y martilladas de ideología se traduzcan en mayores tasas impositivas, mayor número de parados, mayor déficit en las cuentas públicas, mayor endeudamiento, mayor estampida de inversores, mayor número de empresas que se ven obligadas a pegar el cerrojazo, etc., Zapatero lo ve como un puente flotante que hay que cruzar a tientas, y que, una vez en la otra orilla, seremos más guapos, más fuertes, más altos y más inteligentes. Aunque más pobres… Pero ¡bah! Pecata minucia. Zapatero, en su laboratorio de alquimista, ha llegado a la conclusión de que cortando nuestras orejillas de lechón durante unos años y robando parte del oxígeno que respiramos a diario, llegaremos más pronto que tarde a vivir en una suerte de paraíso socialista donde todos correremos desnudos por inmensos verdales de hierba fresca y húmeda bajo un imponente cielo abierto y libre de CO2, alimentándonos de los frutos que da la madre Tierra y durmiendo al arrimo de una vieja higuera, cual pequeño Buda. Unos cuentan que lo vio en sueños, otros que se lo arrulló un Ángel; pero lo cierto es que ocurrirá. De verdad que sí.

Y es que en esas andamos, de cabeza a Altamira. ¿O es que la han restaurado por casualidad? Vivienda ecológica. Otra de las grandes apuestas del Doctor Zapatero. Por ello, hay que pasar por la horca a todos esos malvados especuladores que duermen al abrigo de la construcción. Para nada conviene tener en cuenta las muchas barrabasadas de la nueva Ley del Suelo de 2007 que establece la reserva de un 30% del suelo residencial de las nuevas construcciones para uso social; es decir: vivienda protegida. La gallina de los huevos de oro que todos quieren en su corral. O las modificaciones del nuevo código técnico de edificación que, lejos de ayudar a minimizar la hinchazón del precio de la vivienda, tiene el efecto contrario, pues sus muchas adiciones no hacen más que inflar el coste final. Por no hablar de los incrementos del IVA, Transmisiones Patrimoniales o Actos Jurídicos Documentados. Pero claro, las viviendas andan por las nubes por la avilantez de los malvados promotores que, para vender más, no hacen otra cosa que subir los precios. Puro cálculo económico.

También será Vick Vaporú sobre el pechito en las noches de duermevela en que la congestión no nos deja abrazar el sueño la próxima subida de la luz. Prueba de que la cadena soporta lo que resiste el eslabón más débil. Y como en este caso el eslabón más débil –el contribuyente– es dúctil y maleable, y además no rechista pues soporta muellemente todo tipo de carga impositiva, se le lastra con el peso del fuerte. Pura física. Analizaba ayer Gabriel Calzada en un artículo de Expansión.com las distintas razones de los sobrecostes actuales. Señalaba en su artículo cómo mientras en la UE el precio de la luz cayó un 1,5% durante el año pasado, en nuestro país éste se incrementó un 5,7%. Es más, indica que desde la llegada de Zapatero al Gobierno la luz se ha incrementado un 40% en hogares y un 80% en Industria. Las razones se hallan en el famoso déficit tarifario que durante 2009 se plantó en 15.000 millones de euros, más los 6.200 millones de euros que costaron las subvenciones a la energía renovable, la gran obsesión personal de Zapatero. Así las cosas, en abril de 2009, todo un visionario como el Ministro Sebastián, decretó que todos los peajes de accesos incluidos en la factura de la luz deberían recoger y reducir el déficit. Mientras tanto, la energía nuclear, más limpia y barata, ni mirarla. Gracias a ello seremos más guapos y fuertes. Merece la pena el intento.

No importa que Leire Pajín cobre 20.000 euros al mes del erario público; que España tenga la mayor flota de coches oficiales del mundo y Sevilla concretamente la mayor por metro cuadrado; que aumente el número de familias que no perciben ningún tipo de ingresos; que el 20% de la población esté por debajo del umbral de la pobreza o que una de cada tres familias no pueden afrontar gastos imprevistos según la encuesta Condiciones de Vida, del INE; o que los comedores de Cáritas se encuentren desbordados mientras que Interior despilfarra el dinero de esos mismos contribuyentes en lujos penitenciarios como ya denunciara la Agrupación de los Cuerpos de la Administración de Instituciones Penitenciarias, señalando que el Ministerio de Rubalcaba está bañando en oropeles a los presos con bicicletas de setecientos euros, televisores de plasma, pistas de pádel, piscinas, gimnasios que ya quisieran para sí muchos colegios de España, salidas a spas y casas rurales, así como restaurantes, excursiones a caballo y un sinfín de actividades destinadas al ocio de los reos.

Todo ello es parte del peaje que hay que pagar por el paso al paraíso socialista, la stairway to heaven. Y es que barco sin lastre no navega. Por mucho que nos corten las orejas, años mejores vendrán. Al final, como siempre, los extremos se rozan, igual que el rojo sangre y el rojo escarlata se funden en la paleta cromática. El Alter Ego de Zapatero, Lysenko, nos guía y conduce hacia ese mundo de Hansel y Gretel que, como bien sabemos todos, vivieron los súper hombres de la Unión Soviética gracias a una planificación científica que bajo ningún concepto acabó en cartillas de racionamiento y asesinatos masivos. Y es que ellos sí que dieron con la tecla. Ciencia exacta y política social.

Ahora que vamos despacio, vamos a contar mentiras tra la la…

viernes, 16 de abril de 2010

GARZÓN


El 17 de Agosto de 2007, dijo Garzón en Edimburgo que tarde o temprano alguien les obligaría a rendir cuentas. Se refería al trío de las Azores, más concretamente a José María Aznar. De él escribió en El País el Príncipe de la Justicia –como Pedro J bautizó a Garzón– que «se comporta como un muro de piedra resbaladiza por la humedad y el humus pestilente de quienes carecen de sentimientos, manipular a la opinión pública y no oír el clamor mundial por la paz». Ello le costaría dos expedientes disciplinarios en el Consejo General del Poder Judicial, que bien se los pasó por el Arco del Triunfo cuando declamó airosamente que por defender aquello en lo que creía estaba dispuesto incluso a perder su carrera.

Tanto es así que, a finales de la década de los noventa, se negó a admitir a trámite una querella presentada por la Asociación de Familiares y Amigos de Víctimas del Genocidio de Paracuellos del Jarama, cuyo objetivo no era otro que sentar en el banquillo al provecto Santiago Carillo por su implicación en los crímenes de Paracuellos, donde se llevaron a cabo treinta y tres sacas de las cárceles republicanas y entre dos mil y cinco mil fusilamientos. Y como el viento propone y la vela dispone, la querella no fue admitida a trámite dado que, según el propio Garzón, «no puede dejarse de llamar la atención frente a quienes abusan del derecho a la jurisdicción para ridiculizarla y utilizarla con finalidades ajenas a las marcadas en el artículo 117 de la Constitución Española y los artículos 1 y 2 de la Ley Orgánica del Poder Judicial, como acontece en este caso [...], los preceptos jurídicos alegados son inaplicables en el tiempo y en el espacio, en el fondo y en la forma a los [hechos] que se relatan en el escrito y su cita quebranta absolutamente las normas más elementales de retroactividad y tipicidad». Cosas veredes, amigo Sancho… Y es que, casi diez años después, se produciría lo mismo pero del revés. La Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica presentó un escrito similar que pedía al juez Baltasar Garzón que investigara dieciséis muertes durante la Guerra Civil. Como era de esperar, la querella sería admitida a trámite meses después. De ahí que el miembro del Consejo del Poder Judicial, José Luis Requero, dijera que Garzón aplica el Código Penal según el viento que sopla.

Y de aquellos polvos estos lodos. Es de natura que un personaje tan ambivalente se las tenga que ver con la propia Justicia al menoscabar el principio de universalidad y ecuanimidad de la misma. Es lo que ocurre cuando se trata de cruzar el río tanteando las piedras. Lo más probable es que en uno de los saltos venga el zurriagazo. Y en esa anda Garzón, zampándose todo un menú completo de cantos rodados con primero, segundo y postre: los crímenes del franquismo, los pagos del Santander y las escuchas ilegales del Caso Gürtel.

Y es que Garzón tiene más de hiena coja que de Rey León. Sus instrucciones, no contentas con hacer aguas por los cuatro rincones, tienden a encontrar ciertas irregularidades y extralimitaciones, como es el caso de las escuchas del Caso Gürtel, por las que autorizó unas escuchas en prisión que la jurisdicción contempla única y exclusivamente bajo el paraguas de los casos de terrorismo, vulnerando de esa manera el derecho fundamental a la defensa de los implicados. Son sus instrucciones parvularias lo que le ha traído un palo tras otro al juez estrella. Desde su persecución a Miguel Durán por un supuesto fraude fiscal en la gestión de Telecinco que nunca existió –pues su situación con la Agencia Tributaria terminó demostrándose que era diáfana– y a raíz de cuyo proceso tendería un puente con el objetivo casi exclusivo de meter entre rejas a Berlusconi con uno de sus macrosumarios, hasta aquel otro caso en el que consiguió meter en prisión en 1997 a toda la cúpula de Herri Batasuna y que, poco tiempo después, quedó en libertad debido a los agujeros negros de su pésima instrucción, pasando por el ridículo estentóreo que hizo tras el sonado juicio abierto por las subvenciones de la Unión Europea para las plantaciones de lino y del que salieron limpios como una patena finalmente todos los inculpados después de que Garzón, junto a Villarejo, trataran de pisar al PP a las puertas de las elecciones autonómicas de 2003. O casos que le costarían una demanda nada más y nada menos que del fiscal Fungairiño, acusado de revelación de secretos al publicar información sumarial que después manipulaba conforme a sus intereses en sus libros. De ahí que asegurara que ETA no buscaba una carnicería en la estación de Chamartín cuando colocó una bomba con ese objetivo en un tren que viajaba desde San Sebastián a Madrid, mientras que el temporizador de la bomba de 50 kilos de explosivo fijaba las 15.55, hora en la que el tren estaría detenido en el andén. La intención de Garzón no fue otra que desacreditar a Aznar durante la comisión rogatoria del 11-M. Sin embargo, según los fiscales Ignacio Gordillo y Eduardo Fungairiño, se había creado una situación por la que los terroristas imputados en el atentado podían citar a Garzón como testigo de la defensa. No obstante, años después los terroristas serían condenados a casi 3000 años de cárcel por cometer 185 homicidios en grado de tentativa. De nuevo Garzón se quedaba con el culo al aire y lleno de picaduras de mosquitos. Sesión de degustación. Puros ejemplos de lo que es este juez caza-famas, como le dijera el Rey a Anguita, y que ahora suscita múltiples campañas de apoyo con cierto tufillo a leche agria. Y escasamente democráticas. Tanto o más como esa Falange que según los siempre abajofirmantes y autodenominados intelectuales ha conseguido sentar en el banquillo al Capitán Planeta de la Justicia Universal, olvidando que quien lo ha sentado en realidad no es más que un juez progresista amigo suyo y precursor de la asociación Jueces para la Democracia, Luciano Varela.

Así, la historia nos parece susurrar una vez más que, por mucho que queramos, todo está escrito. Verbigracia: «[…]El humano derecho y el divino / cuando los interpretas los ofendes, / y al compás que la encoges o la extiendes, / tu mano para el fallo se previno. / No sabes escuchar ruegos baratos, / y sólo quien te da te quita dudas; / no te gobiernan textos, sino tratos. / Pues que de intento y de interés no mudas, / o lávate las manos con Pilatos / o, con la bolsa, ahórcate con Judas».

A un juez mercadería. Así tituló Quevedo uno de sus sonetos que bien podría tener fecha de anteayer. ¿Suena? Qué va...